sábado, 19 de septiembre de 2009

El chalet de la esquina.

Hoy habían limpiado de maleza el chalet de la esquina.

Bueno, propiamente dicho, no es el chalet de la esquina, sino que la esquina está cerca del supermercado al que suelo ir. Así que paso con cierta frecuencia. Está abandonado. Casi. Porque también está lleno de gatos...

Y esta tarde, mientras venía de comprar lo que se me había olvidado esta mañana -es decir, la comida de mañana, y mira que voy con lista y voy tachando lo que voy metiendo en la cesta...-, esta tarde, decía, me fijaba en el chalet de la esquina. Está también en el centro de mi ciudad.

En lo que ahora llaman casco histórico de mi ciudad, que nunca fue casco ni histórico, pero se lleva ahora eso de rescatar la memoria histórica y hacer con ella lo que se antoje. Mi ciudad ha sido desde siempre un pueblo de ganaderos y algunos canteros, creciendo a ritmo de vía de tren cuando llegaron los primeros vagones y con ellos la fábrica de MADE y el barrio de sus obreros...
Pero claro, ahora es casco histórico. Y a la gente le gusta vivir en el casco histórico, lo cual se traduce en tirar las casas viejas de toda la vida y hacer bonitos adosados con vistas a la sierra oeste de Madrid...

Y venía con mi carrito de la compra e iba pensando, al pasar por la esquina del chalet de la esquina, que yo jugaba de pequeña por esa calle con los niños del estanco, mi padre acompañaba a su madre al recoger agua de la fuente (que pone que es fuente todavía, pero ya no sale agua), mi abuelo comía con su primo en el estanco, mi bisabuelo cedía la casita blanca de al lado de la frutería al señor que había servido en su casa desde niño y mi tatarabuelo conduciría -supongo- uno de esos primeros trenes que atravesaban Madrid a finales del s. XIX...

Tengo más recuerdos...

3 comentarios:

  1. Que bonito, madame, las imagenes que es capaz de evocar el viejo chalet de la esquina, cargado de nostalgia y de recuerdos de la infancia.

    Feliz noche del sabado

    Bisous

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  2. Gracias, madame. Tenemos la Historia -mi auténtica pasión- esperándonos a cada paso. Un amigo mío dice con frecuencia que tenemos que dejarnos sorprender por las cosas cotidianas.

    Que descanse.

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  3. Puntualización: la que de verdad iba a llenar el botijo a la "fuente del estanco" era "la niña", o sea yo, tu querida tia Maria Dolores. Tu padre, mi querido hermano - hombre, al fin, aunque entonces era el "niño" - , al igual que los demás niños, mozos, hombres y ancianos de Villalba, se les veía muy poco por la fuente, su acaso a merodear alrededor de las féminas. El machismo estaba en pleno auge... Los recuerdos de mis primeros 16 veranos en Villaba los tengo muy presentes en mi memoria y cualquier día te los cuento que seguro que te gustan. Besitos.

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