viernes 20 de noviembre de 2009

Humeando rabia.

Me miran con brillantes, más bien chispeantes ojos... Rugen sus tripas y se incomodan a mi paso, lento, seguro, desafiante incluso. Los noto fríos y atentos, deseando saltar sobre mí, incómodos por mi presencia que les impide avanzar, vigilantes de mis pasos pausados y retadores... Miro a izquierda, derecha, y ahí están, chirriantes, agresivos, humeando rabia por parar...

Y es que hoy crucé por un paso de peatones...


Hoy estuve con Elia.

Esta mañana fue una de esas en las que, por un momento -y en el trabajo- se me regaló una sonrisa: vino Elia de visita. Yo había dejado a una adolescente y se apareció una joven madura que encuentra poco a poco su espacio, bloc bajo el brazo, ilusión y un montón de sueños... Elia me ha regalado esta mañana una breve charla, un montón de sonrisas, algunos recuerdos y mucho cariño...

Un regalo. Hacía varios años que no la veía, pero todavía ella recuerda, según me ha dicho, que el colegio fue una buena etapa de su vida, llena de vida. ¿Qué mejor para un profesor que escuchar esto de un alumno?

Y no os olvidéis de visitar su blog.

martes 17 de noviembre de 2009

De lunes.

Regresaba desde Madrid a mi casa la tarde del lunes ya bien entrada la hora de la cena -cosas de los lunes, primerizos de la semana, traidores... Cuando vuelvo en aquel autobús -que suele ser siempre el mismo, repetitivo y con idéntico conductor que conoce casi ya nuestros nombres-, mis compañeros de viaje no están para muchas conversaciones. Va la gente poco a poco, sin prisa, sin pausa, lenta pero de andar apresurado noseaquesevayaelbus.

Cuando estudiaba en la Universidad todas las mañanas, puntualmente a las 7:55 me encontraba a un grupo de adolescentes. Todos los días, pasara lo que pasara. Nunca supimos nuestros nombres, pero el encuentro matutino nos hizo reconocernos y saludarnos. Siempre, en la puerta de la Policía Municipal. Llegué a preocuparme cuando alguna mañana uno de ellos no estaba...

Los lunes me pasa lo mismo. También otros días, pero las tardes cansadas de los lunes-noche tienen el aspecto especial de quien dejó atrás hace horas el fin de semana -que, para mí, suele estar lleno de cosas que hacer y trabajo atrasado. El conductor, que lo sabe, deja su auto en penumbra, un detalle para quien echa la penúltima cabezada del principio de semana. A mí a veces me gusta, me relaja, me deja pensar, otras me incomoda, porque voy con prisa de estudiar y aprovecho los minutos contados.

Al llegar a casa, mi marido, que está en todo, ya se encargó de mi hija -baño, cena, cuento, jesusito y a dormir. Y aunque la noche es mía y Rut siempre me llama a mí en la larga madrugada, es de agradecer sólo tener que sentarse y cenar.


domingo 15 de noviembre de 2009

Reconocerse por un nombre de sueño.

Ayer mis tíos le regalaron a mi hija una muñeca.

Y mi hija lleva, por lo tanto, dos días jugando a que es mamá, imitando no sé muy bien a quién -es hija, nieta, sobrina única. Tan contenta, pone a su bebé tumbado en el sillón, en su cama, en su carrito, en un cojín o en cualquier lugar que considera cómodo y apropiado. Le quita el chupete y espera con ojos abiertísimos y sin pestañear a que la muñeca le diga algo así como mammma, y entonces ella, con sonrisa resplandeciente, dice "¿Ves? Ha dicho mamá, soy yo y quiere chupete".

Y yo me figuro, entonces, contenta de verla a ella así, que su mirada es deslumbrante porque una muñeca -su bebé- le ha reconocido por su nombre de sueños...


Cosas de niños. Cosas de adultos.

Algunas cosas me molestan.

Como la irresponsabilidad. Y es que no todo es justificable, como el que dos niños -preadolescentes, en plena definición de su libertad: hacer lo que me dé la gana- de mi vecindario hayan optado como el ocio más creativo el romper a base de patadas los dos columpios de bebés que había en mi casa. Lo comprendo: la juventud de hoy es rebelde, irrefenable en sus impulsos, deseosa de construir mundo.

En consecuencia, ejerciendo en pleno uso su libertad -pobre país-, nada mejor que romper porque sí -con alevosía y reconociendo su acción de forma hilarante- los columpios de los niños pequeños. Mis vecinos, que, ya se sabe, todo lo justifican y arreglan diciendo que la culpa es de la escuela, han dictado sentencia: cosas de niños.

Pues eso, que como es cosa de niños, digo yo que me devuelvan mi parte proporcional y justa de la derrama con la que se pagó hace un año ese parque infantil. Porque el dinero, el mío, es cosa de adultos.


sábado 14 de noviembre de 2009

Como ondas.

Cuando un grupo se despide me recuerda al tirar una piedra a un lago. Ondas concéntricas se difuminan en su superficie, pequeñas olas inquietan la superficie hasta lamer la orilla...

Regresaba ayer desde Valladolid. Volvía a mi centro. Marchaba alguien a Pamplona, Logroño, se dispersaban otros por Andalucía, se repartían algunos por Cataluña... Ondas concéntricas similares desplazándose por ancho y largo.

jueves 12 de noviembre de 2009

Tostada con mantequilla y mermelada.

Empezaba el día con olor de tostadas con mantequilla y mermelada -de fresa, claro, que si no la tostada no es lo que es... No te planteas la dificultad de la mantequilla hasta que te enfrentas a ella con cuchillo al ristre, la susodicha está fría, no se extiende bien: la tostada va perdiendo su esencia... La mantequilla ya no se derretirá convenientemente, como le corresponde a una tostada de buena categoría...

Hoy caía en la cuenta de que los milagros, los buenos, los de verdad, existen. Yo los he visto. Vi a mi amiga Carmen diciéndole a aquella chica que se levantara y andara, que ella era mucho más y merecía ser mujer... Veo cada día pequeños milagros: merece la pena que andes, que veas, que te levantes, que tires de tí mismo, que saques de tu pequeño corazón aquello que te hace grande, mayor, mejor persona, mejor adolescente, mejor niño... Levanta, camina, no te duermas...

martes 10 de noviembre de 2009

Ellos están fuera de control...

El trabajo nos ha traído a mi maleta y a mí por unos días lejos de mi ciudad.

¿Y qué hace un profesor lejos de sus aulas? -eso les gustaría saber a mis vecinos, tan curiosos ellos... Reflexionar sobre la cosa educativa, por ejemplo, intentar mejorar o tratar de comprender lo inaccesible de la adolescencia -eso de "mis padres no me entienden" "y yo a vosotros tampoco". Le dábamos vueltas ayer al panorama de los jóvenes de hoy y lo ilustrábamos con el corto de Zoé Berriatúa El despropósito.

Y tal vez demasiado crudo por lo real o por los nombres y apellidos que los personajes de la película Barrio significaban para algunos de nosotros; para muchos. Y me quedaba yo con el personaje rubio, que intentaba salir de la orden del grupo, conocer otra realidad que no la del botellón y la risa floja de sus amigos, con referentes adultos -pero negativos- y la sensación de caos y soledad a su alrededor.

Nos preguntaba el ponente sobre nuestra sensación al ver el cortometraje. No he hablado mucho en esa ocasión, lo admito, porque soy de medir mis palabras y evaluar, más bien, mi alrededor. Pero el sentimiento era claro: situación de falta de control. A los adolescentes la vida caótica e ininteligible se les escapa de las manos y no pueden asumirla; ni absorberla. Tal vez por eso muchos se la beban en botellas de litro... Y me preocupaba -porque para eso también son estos momentos que el trabajo fuera de las aulas brinda a un profesor-: una excesiva humanización -normalización- hace al hombre menos humano...

Y para mí, realmente, el problema de la juventud -que es más bien un dilema: ¿qué hacemos con ellos?- tiene tres letras: mi hija Rut, que va a cumplir 3 años... que en otros rápidos más será como ellos...

domingo 8 de noviembre de 2009

Noche estrellada.


Mi aliado estas últimas noches ha sido rojo y blanco.

Un termómetro.

Y noches largas, de esas eternas que parece no se acaban nunca, lentas, que se deslizan, gotean interminables, esperando que amanezca -porque cuando empieza la luz parece que todo es más fácil.

Rut tiene anginas.


 
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