miércoles, 11 de agosto de 2010

Una señora hoy con zapatillas galácticas.

S
alía ella esta mañana de su portal, una vieja casa que se ha quedado encajonada entre dos bloques de edificios. De edad difusa, floreada bata de calle en azules y blancos y ese pelo perfectamente peinado, inmaculado, de señora de jueves en la peluquería. Maquillada de mañana, dispuesta tal vez a hacer la compra. Única para mí en la combinación -¿buscada a propósito, tal vez?- entre el monedero que llevaba en la mano -ya se sabe: ladrones, muchos, aprovechando la vejez...- y las zapatillas, brillantes y galácticas, del mismo tono plateado brillante que el monedero aquel...


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