miércoles, 18 de agosto de 2010

Crónicas marinas (2): El paseo por la playa.

Es necesario regular el paso de personas por la orilla de la playa. Decenas, tal vez cientos de ellas circulan a lo largo de la mañana por allí, hormiguean, deambulan o siguen con paso firme las huellas de otros cientos anteriores a ellas que ya pasaron horas antes. Bañadores ceñidos, bikinis ajustados, top less venidos a menos, vestidos de leves trasparencias, abdómenes dados de sí, carnes prietas, modelos musculados de tórax acompañados de esculturales -y jóvenes- cuerpos dorados, redondas tripas llenas de vida de multitud de embarazadas...

Un gentío de personas marchando al mismo son, émulos del paso castrense, ansiosos de mostrarse o de absorber la máxima cantidad posible de rayos de sol. Una riada de faldas suaves, camisetas de tirantes, blancuras lechosas de recién llegados y pareos casi tahitianos, exhibiéndose ante un público de sombrillas coloreadas y cremas de sol llenas de arena.

A paso seguro, uno, dos, tres, cuatro, espalda recta, conversación con el vecino o auriculares para no ver a los demás. Uno, dos. Niña Pequeña intentando acercarse con su cubito a la orilla y coger así las conchas con las que decorar un castillo de arena...


6 comentarios:

  1. Bonito paisaje playero el que nos pinta, abigarrado de gentes y colores.
    En agosto las playas estan mas llenas que el metro en hora punta!

    Feliz tarde, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  2. También están los rojos como gambas, que pasarán una mala noche, por no haber usado protector solar; los que cogen sitio temprano, sombrilla y nevera en ristre, que despliegan un gran abanico de fiambreras, con filetes empanados y tortilla de patatas como productos estrella, ...se podría elaborar todo un bestiario, con la gente que acude a la playa.

    Y al fondo, el mar. Parece que lo estoy viendo y oyendo.

    ¡Disfrutad!

    ResponderEliminar
  3. Así es, madame. Me temo que algunos ven el amanecer entre la arena para ir guardando sitio...

    Feliz noche.

    ResponderEliminar
  4. Perikiyo,
    si cazo algún veraneante con la tortilla, prometo traerlo aquí.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Así son las playas, sí, y por eso me gustan tan poquito.

    Prefiero los paraísos desiertos, en los que pueda pasear solo sin necesidad de ir esquivando a niños que construyen castillos de arena o vigilando sus rastrillos para no clavármelos y aullar de dolor.

    Quizás soy raro...no lo sé. Pero me gusta la calma del mar, no la intranquilidad de la gente.

    Un saludo.

    Oski.

    ResponderEliminar
  6. Tropiezos y trapecios,
    vacaciones con Niña Pequeña supone sortear en la arena los accesorios de los niños. A mí también me gusta la tranquilidad. Humm... puede que ahora en la piscina se esté mejor.

    Un saludo.

    ResponderEliminar

No acepto comentarios anónimos. Si no nos dices quién eres, tu comentario no se publicará.

Visito tu enlace si tu comentario no es spam, anónimo o una falta de respeto.