jueves, 21 de enero de 2010

No le caigo bien a mi cartero.

128 casas, 128 familias. A una media de 4 personas por familia en cada casa -media, obviamente, porque entre los tres hijos de mi vecino y la mía única, ya equilibramos el asunto-, 512 personas. 512 vecinos aproximadamente, tal vez más, no sé con seguridad.

Son mis vecinos, a los que conozco de vista, de reojo, de oídas -por aquello de que la música del de al lado a veces está alta-, algunos son amigos. 512 personas que cada semana o dos semanas recibirán cartas y noticias, no siempre por correo electrónico -supongo que quedará algún nostálgico que aún rebusque sobre y sello.

512 personas que están, estamos, a expensas de un cartero. Del cartero que pasa por mi barrio. Que pasaba, más bien, porque decidió hace tres meses no hacer este recorrido, y desde entonces los 512 -128 familias, 128 casas- tenemos que ir, periódicamente, a la central de Correos a preguntar, todo lo amablemente que las circunstancias nos dejan, si hay cartas para nosotros. Y es que a este cartero ha dicho, claramente -es un cartero muy agradable: con frecuencia nos deja sus quejas, múltiples, en un papel colgado de mala manera en la cristalera del portal- que no va a volver porque aquí no vive nadie, ya que cuando llama para pedir que le abran la puerta principal, nadie contesta.

Por lo que me abruman las reflexiones sobre este hecho y he sacado mis conclusiones:
  • Mi cartero se pasa media mañana llamando a todas y cada una de las 128 casas pidiendo que le abran. No tengo vecinos, nadie le abre (ni siquiera yo, cuando en vacaciones, las mías de profesora, esas eternas que fastidian tanto, estaba en mi casa...)
  • A mi cartero tal vez no le gusten las últimas obras del jardín y su sensibilidad se ve atacada. Ya se sabe: donde hay niños pequeños, la estética es diferente...
  • Mi cartero no quiere trabajar. Punto.
  • Y eso sí, yo llevo esperando una carta desde el 25 de junio (en Correos me dijeron que era imposible, porque su servicio nunca falla).
  • Si mañana no voy a trabajar, ni al otro, ni al otro -para mayor gloria y pena de mis alumnos, claro-, ¿nadie me dirá nada? No sé. Igual perdería el trabajo...


6 comentarios:

  1. Luego se quejan de los profes, pero los carteros....
    En fin, te dire que haceis un gran trabajo, en el fondo aprendemos bastante, y no solo sociales.. jeje

    ResponderEliminar
  2. El asalariado y harto de chupópteros tío de Rut22 de enero de 2010, 1:26

    Dinamitemos el funcionariado

    ResponderEliminar
  3. Madame, mi cartero me tiene hasta los pelos.
    Resulta que cuando tiene que entregar una carta llama y rellama al timbre, pero cuando tiene que traerme un paquete, mire usted por donde lo unico que deja es un papelito afirmando sorprendentemente que no habia nadie en casa, cuando en realidad hemos llegado a estar hasta 3 personas a la vez. Y es que claro, un paquetito pesa un poco mas.

    Feliz fin de semana, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  4. MiniSchoch,
    gracias... Es bueno saber que tenemos defensores que ven más allá de los apuntes.

    ResponderEliminar
  5. Tío de Rut,
    curiosamente, el cartero que pasa en verano no tiene problemas para dejarnos el correo... Igual es que a ese sí le abren...

    ResponderEliminar
  6. Madame,
    veo que no soy la única a la que el cartero no le deja los paquetes... Eso me consuela, aunque siga esperando pacientemente mi cartita del 25 de junio...

    Feliz noche.

    ResponderEliminar

No acepto comentarios anónimos. Si no nos dices quién eres, tu comentario no se publicará.

Visito tu enlace si tu comentario no es spam, anónimo o una falta de respeto.