viernes, 16 de octubre de 2009

Un candado y una verja.

Cerca de mi casa hoy he visto un candado. Es posible que este candado ya lleve el mismo tiempo que yo en mi casa, pero ha sido hoy y no otro día el que mi cerebro ha elegido para procesar su presencia. Un candado metálico y dorado enganchado a una cadena, enredada en los barrotes bien amarillos de una verja.

El candado de la salida de un polideportivo.

Un candado es el recuerdo de la mano invisible y desconocida que conoce la llave que lo guarda.

El candado parece inútil en la mañana fría de hoy, mientras llevo a mi hija camino de su colegio; a la espera de ser recordado por ese alguien que guarda la llave que lo libera. Y al pasar y mirarlo, me preguntaba quién tenía en mente que ese candado era necesario para que nadie se llevase la cadena, los barrotes, la verja o al propio candado... Un candado que no está en una puerta, junto a una cerradura o en la señal de la esquina de mi casa es un objeto que ha perdido su función y su identidad. Y la identidad es algo que no se puede abandonar de cualquier modo, ya que es lo que nos define y me distingue del alguien que celosamente esconde -o ha olvidado- que hay un candado amarrado a una verja camino del colegio de mi hija...

2 comentarios:

  1. Como soy tan despistada, me ocurre muchas veces ser de pronto consciente de algun detalle que seguramente lleva años ahi, o tal vez ha estado toda la vida. Y a veces el descubrimiento tiene una chispita de fascinante, jiji.

    Feliz sabado, madame

    Bisous

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  2. Madame,
    estoy convencida de que ese candado lleva allí más de los cinco años que habito mi casa.
    Feliz noche.

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