lunes, 28 de diciembre de 2009

Las niñas son princesas.

Mi hija es una princesa. O debe de querer serlo, porque no sé por medio de qué conjunción cromosómica misteriosa, está empeñada en preferir el color rosa, ponerse coletas, seleccionar la ropa que llevará ese día y dar de comer a horas decentes a sus muñecas. Todo esto para gran deleite de su abuela, claro, supongo que porque yo me resistí desde bien joven a semejantes juegos vandálicos.

Mis intentos de alejar de ella esta perniciosa costumbre son bien conocidos por todos los que me rodean, ya que en mi cabeza los niños pueden -y deben- jugar con muñecas y las niñas pueden -y deben- dedicarse a explorar el mundo de la mecánica de las excavadoras infantiles...

Y Rut cede, sobre todo cuando su padre decide que es hora de hacer algunas chapuzas en casa, caja de herramientas en mano, y le propone abandonar la tarea emprendida conmigo -generalmente, pintar tranquilamente o hacer un puzzle- por descubrir los entresijos de un grifo por dentro. Obviamente, la respuesta resplandece antes de ser emitida y me acabo quedando yo sola en el salón dedicada a mis labores mientras que ellos se entretienen...


2 comentarios:

  1. Ay madame, a mi eso de la caja de herramientas y el mundo de la mecanica siempre me ha parecido aterrador. Aunque con los juguetes de mi hermano a veces disfrutaba incluso mas que con los mios, eso si!

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  2. Madame,
    mi marido sostiene que Rut debe aprender de todo, hasta a cambiar la rueda de un coche. Cuestión de supervivencia.
    Feliz noche.

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