domingo, 20 de diciembre de 2009

Libros que acompañan, quedan contigo.

Los libros nacen, crecen, se reproducen, nunca mueren...

Ayer por la mañana estuve en Madrid; tenía un examen de lo mío y después quise aprovechar para adelantar algunos regalos del día de Reyes. Suelo hacer esto con frecuencia: prever los detalles, ir por delante del calendario o ser más lista que mi bolsillo. Porque parece que así el daño de las compras es menor -vana ilusión. Lo tenía muy claro porque mi marido ya me había dicho hacía tiempo qué les iba a pedir a Sus Majestades y mi hija hace semanas que tiene hecho su pedido.

Y es que para mí un libro es un buen regalo, el mejor, un compañero que queda contigo siempre en la estantería, en la mesilla, en la mesa del salón o, incluso, los de mi hija en la alfombra. Porque con los libros se juega, se viaja, se divierte, se aprende, se pierde, se... Me lo enseñaron mis padres: siempre, en la noche de Reyes, Sus Majestades dejaban los juguetes -a veces los pedidos o soñados, otras veces otros elegidos en Su Sabiduría- y al lado uno o más libros. Espero que mi hija vaya asumiendo ya, con su corta edad, que a ella, curiosamente, Melchor siempre tiene a bien regalarle un libro.

Hice mi selección en la librería más grande que encontré en mi camino -no necesariamente la mejor, pero sí suficientemente amplia como para rebuscar entre varios temas. Para él -mi marido-, para ella -mi hija-, para mí: un libro que había leído hace años, La ciudad de la alegría, y que me dejó tan tremendo regusto que necesitaba tener entre los míos.

Es matemático: siempre pico... Y hoy mi marido me decía: "Deberías escribir tu carta a los Reyes". Es cierto. Por eso he sacado mi lista de libros, la que voy apuntando con el tiempo, uno tras otro. No sé muy bien cuál elegir...


0 ideas:

Publicar un comentario

No acepto comentarios anónimos. Si no nos dices quién eres, tu comentario no se publicará.

Visito tu enlace si tu comentario no es spam, anónimo o una falta de respeto.