domingo, 23 de agosto de 2009

Ayer hubo cena de vecinos


Ya está el verano acabándose (bueno, no oficialmente, claro, que eso lo dice la tele cuando toca y encima, nos hacen cambiar la hora del reloj, con el trastorno que eso me produce). Y por tal motivo, mis vecinos decidieron esta semana hacer una cena de traje -eso, de traje un tupper y tú otro- para despedir la temporada estival.

Hombre, es que yo por naturaleza soy un poco antisocial, vamos, que me cuesta un poco eso de establecer lazos vecinales (no como a una de mis cuñadas, que enseguida se da a conocer y casi me piden su número de teléfono). Por eso, que ya podían insistir en que bajara a la cenorria en el patio común (mesas, tableros, sillas de cocina); aún así, es como si estuvieras presente, porque como los materiales de las casas son lo que son y el calor espantoso te obliga a tener todo abierto (con prudencia, vaya, las cortinas echadas, tampoco hay que pasarse). Vamos, que te enteras de las conversaciones, de los niños jugando con los triciclos, lo buenas que estaban las croquetas de la vecina y que la pizza de cebolla no es de las preferidas.

Mi marido fue a la cena (es que él es más sociable). Asegura que las croquetas estaban muy buenas, que quizá nos fuera mejor si a nuestra hija no le metiéramos tanta caña con los horarios y que la pizza de jamón y queso está bastante mejor que la de cebolla, efectivamente. Por no hablar de la mermelada de pimientos que hizo la vecina del bloque de enfrente (¿mermelada de pimientos?). Eso sí, que el arroz con leche no me lo subía porque mejor que hubiera bajado a por él, chincha.

Bueno, otra vez será. ¿Celebraremos la entrada del invierno?

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