sábado, 29 de octubre de 2011

Qué baratos somos...


Querido comentarista anónimo:

Sé que te molesta profundamente que haya gente como yo, sí, un ejemplo de mala profesionalidad, mala trabajadora, mala profesora. Mala estudiante, sin duda, ya que, a pesar de estar terminando una nueva carrera universitaria, no he debido ser capaz -según tú- de aprobar una oposición.

Sé que soy incómoda, sí. Posiblemente tú, que debes de ser amigo o amiga de los sindicatos, votante de algún partido político incapaz de sacar el país de la crisis económica, social, educativa y política, sí, tú, explicas mejor que yo la crisis de la Edad Media, analizas sin duda óptimamente las causas y consecuencias del texto de las 95 Tesis de Lutero, ayudas a hacer sin límite de tiempo el esquema general de la Prehistoria. Seguramente, sí, tú, en virtud de que trabajas en la escuela pública, dedicas más minutos de calidad a la corrección del ejercicio 27 de la p. 48 -ya sabes, ese que siempre se les atranca, el de la pirámide feudal. Tú, sin duda, tienes la solución y la palabra definitiva para arreglar el tema educativo.

Y digo yo, si tan valiente eres, ¿por qué no das la cara? O, mejor, ¿por qué no diste la cara hace ocho años o hace doce, cuando comenzó esta serie de reformas educativas que no han conducido a ninguna parte? Claro, es más fácil esconderse en el anonimato.

Por cierto, ¿sabías cuántos de sus sesudas señorías han estudiado en colegios concertados -por ende, religiosos? Uno de tus flamantes politicastros comunicaba hace unas semanas que se veía obligado a llevar a sus hijos al Colegio Británico -pobrecito- porque donde vive no hay colegios públicos bilingües. Qué curioso que haya siete en su misma ciudad...

Hace dos semanas escuchaba a una alumna del instituto de enfrente quejarse:

- Claro, claro, están luchando por nosotros, y por eso también nosotros hacemos huelga -les decía a sus amigas-. Pero, ¿quién nos va a explicar ahora los temas que han pasado por dados y que entrarán en la selectividad?

Estuve por decirle que cuando uno toma una decisión, debe asumir las consecuencias. Pero, querido comentarista anónimo: que se lo expliquen en su instituto.

4 comentarios:

  1. No suelo opinar de lo que no conozco bien, así que no hice ningún comentario cuando leí aquella entrada, por lo que no había leído los comentarios de los demás. Ahora me ha picado la curiosidad y los he leído, dándome cuenta de cómo está el patio.
    Seguiré sin opinar, pero me alegro, al menos, de que la formación de mis hijos esté costando más barata. Ambos están en un centro concertado.

    Gracias por el dato. No lo conocía.

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  2. Yo soy profesora de un público, pero estoy totalmente de acuerdo contigo. La verdad es que en un momento determinado también critico a los de la concertada o privada, pero si estoy caliente. Al fin y al cabo no debemos pelear por ver quien sabe más o quien cobra más. Al fin y al cabo nos dedicamos a la enseñanza y trabajamos para vivir.
    Todo esto independientemente de que votes a los de la rosa o la gaviota.

    Un saludo, Laura.

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  3. De nada, Perikiyo. Me llegó el dato a través de una profesora. Yo sí lo conocía, pero forma parte de las cosas secretas que no deben saberse, como esa idea de que sin recursos económicos no puedes estudiar en un concertado. Y si el centro es privado- privado, ¿qué problema hay en que haya familias que lo prefieran? La empresa privada, efectivamente, no es para todos, y la empresa concertada, sí. Yo, desde luego, le veo ventajas que no ví en mi instituto público cuando estudiaba.

    Un abrazo.

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  4. Exacto, Laura. Lo nuestro es educar a la generación siguiente, y lo bueno es saber que vamos en el mismo barco. Lo que me molesta es la manipulación de la calle y los comentarios de corrillos en la puerta de los colegios...

    Un saludo.

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