viernes, 1 de julio de 2011

Chez Niña Pequeña.

Mamá -llama Niña Pequeña, vestida con un pequeño delantal rosa, regalado por mi vecina, La Que Yo Sé.

- ¿Hum? -contesto, separando la vista del ordenador que me permite estar conectada con el mundo irreal.

- Mamá, estás en un restaurante y tú pides -dice, mientras saca del bolsillo delantero un pequeño cuaderno y rebusca en la caja de pinturas un lápiz.

Miro a mi alrededor, buscando entender qué nueva fechoría ha estado preparando Niña Pequeña, auspiciada por Él. Mi salón ha sido invadido por una cocinita; la mesa baja se escondió en algún momento por un microondas rosado de juguete, y tres cajas de cachivaches -platos, vasos, cubertería fina de plástico de tamaños diminutos- han esparcido su contenido a lo largo y ancho del sofá...

4 comentarios:

  1. Todavía retengo en mi maltrecha memoria y de forma vivísima los extraordinarios momentos de mi infancia jugando a tiendas, museos, restaurantes, e incluso -muy de aquel entorno cultural infantil- misas: el sagrario una caja, el cáliz un vaso con trozos de pan, la casulla un poncho improvisado con la doble hoja del inmenso diario de provincias... Inolvidables ensayos de ser otros.

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  2. Cómo he recordado las cocinitas y mercados de mis Niñas Pequeñas! ¿Tiene ya la princesa tomates, pimientos, pepinos y frutas de plástico?

    ¡Qué felicidad!

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  3. Pepe, yo no jugaba a ser otra (siempre preferí leer y pintar), pero mi padre jugaba a lo mismo que tú comentas.

    Yo se lo potencio a Niña Pequeña, ya que estoy segura de que despertará su imaginación.

    Un saludo.

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  4. José Luis, tiene nada menos que ¡tres cajas! de productos. La huerta en casa...

    Un saludo.

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