jueves, 12 de mayo de 2011

Lástima: no será un alumno luminoso...

El alumno de la otra clase del fondo me lo hace saber sin tener que decir nada: mi presencia no es grata en la clase y él es el dueño de la sala, el aire, tal vez del mobiliario entero, mesa del profesor incluída. Posiblemente, porque en varias ocasiones le recriminé atacar al más débil de su grupo y recordarle que, quien mucho recibe -capacidad intelectual incluída-, mucho está obligado a dar.

Así, se gira abiertamente, pone la mochila sobre la mesa y se parapeta tras ella. Adolescente de dieciséis años apenas rayados y soplados en velas de tarta, quiere aparentar ser más de lo que es: joven explotando en hormonas, felizmente aplaudido por su familia y unos cuantos de mis compañeros, que quizá no anotan en sus cuadernos de clase el daño que otros reciben en sus palabras o miradas por encima del hombro.

No va a trabajar en este rato, y así se lo hace saber al resto de la clase, copiando de forma ostentosa los resultados a uno de sus adláteres. Sé, además, que me desprecia, ya que desde siempre le han dicho que es más quien más Matemáticas sabe, y yo sólo explico Historia y Geografía; mientras me mira de refilón, sonrío para mis adentros: él nunca podrá ser un alumno luminoso como Miguel, Helena, Encarni, Elia o Roberto, ya que ellos abandonaron la prepotencia por la dulzura, y la soberbia por la cercanía. Ellos se saben necesitados y por eso están más altos.

La insolencia no está reñida, parece, con las buenas calificaciones. Lo malo será cuando le examinen del ser persona: se le olvidó a este coger apuntes... Y es en estos casos cuando me digo que, afortunadamente, no son mi hijos...

4 comentarios:

  1. Quién sabe, tal vez, si este alumno extraviado en su edad leyera las cercanas y sentidas palabras que le dedicas .....

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  2. "Ellos se saben necesitados y por eso están más altos"... preciosa frase que define no sólo la soberbia de tu alumno, sino tantas veces, la nuestra.

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  3. Blogger ha estado caprichoso. Te comenté antes de ayer que me había gustado mucho lo de que lo que nos da altura es la humildad de sabernos necesitados. Anoto en mi agenda interior esa verdad expresada en palabras.

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  4. Así es, Pepe. Ya parece que recuperamos la normalidad.
    Por experiencia sé que el sentirse salvado sólo es posible cuando notas cómo necesitas que alguien más fuerte y fiel tire de tí. Pero, para este alumno concreto, encumbrado desde hace años por profesores, alumnos y compañeros, el pedestal se le caerá más tarde. Lástima.

    Un saludo.

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