domingo, 8 de mayo de 2011

Si yo pudiera decir lo que pienso...

Hay cuarenta y dos pasos entre la puerta de mi clase hasta el final del pasillo, la puerta del fondo, el baño de señoras. Cuarenta dos pasos que no resuenan en las nuevas baldosas blancas ni acompañan ni asustan. Son cuarenta dos pasos silenciosos dados uno a uno con las botas marrones -se escapó de nuevo la primavera-, ausentes como buenas clases dadas en mi universidad, mientras dejo la mochila en clase y llevo la botella en la mano, para llenarla de agua con la que tragar la falta de previsión de mis profesores.

Diez, veinte, treinta, cuarenta y dos pasos seguros dados con firmeza silenciada de espera ante exámenes que no quiero estudiar, pero debo hacerlo porque me he dado mi más firme palabra de honor. Cuarenta y dos pasos dados uno detrás de otro sin levantar la vista del suelo, con cuidado de no pisar la línea grisácea que los separa uno de otro, para no perder el ritmo de mis pensamientos, que vuelan hacia la alumna de la clase del fondo que me dijo, por la mañana, que no me molestara en seguir trabajando para ella, ya que no tenía intención de dedicar ni un minuto a mi asignatura.

Qué bueno es decir las cosas claras...

2 comentarios:

  1. Da miedo. Parece "Corredor sin retorno", aunque por el título sea más película de Hitchcock. No hagas caso.

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  2. Por lo menos, madame, le ha sido dada la virtud de la sinceridad, ya que no otras. Bueno, menos da una piedra. Supongo que podía ser peor.

    Buenas noches

    Bisous

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