lunes, 2 de mayo de 2011

Un tira y afloja.

La rutina se estira y ondula sin posibilidad de solución, oscura como el tabernero de un pueblo, inerte hasta la fosa, disimuladamente de seda mientras envuelve y ahoga. La rutina tiene las hojas amarillentas de mi agenda, siempre llena de cosas y tareas urgentes que eran para ayer o antes, y el color rojizo de la cinta de mi punto de lectura, que siempre espera silencioso para avanzar un poco más. La rutina, al fin, es la vertical de las rejas de la celda diaria y el toldo que, extendido, oscurece mi salón sin tener que ser usado.

Salir de la rutina es, por eso, un acto de valentía con la cara del manolo que un día como hoy, hace doscientos tres años, plantaba cara al ejército imperial en Madrid. Escapar de ella es voltearla, hablar con el de al lado por detrás de su espalda y agarrarse a una esquina, aunque sean los lados de la caja de bombones que hoy Niña Pequeña y Él me trajeron, para quitar el sabor agridulce de un viaje no hecho.

8 comentarios:

  1. Cuesta volver a ella despues de tanta fiesta, madame. Bueno, cuesta siempre, pero en especial después de habernos acostumbrado a vivir sin ella.

    Feliz tarde

    Bisous

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  2. Así es, madame, pero yo estoy un poco cansada de tanta rutina grisácea...

    Feliz tarde.

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  3. ¡Ánimo, Negre! Cada día tiene su rutina o su afán, como decía mi madre. O, como me dijo el otro día la portera de mi cole, citando, creo, a san Francisco Javier: "No hay virtud más eminente/que el hacer sencillamente/lo que tenemos que hacer", es decir, lo de cada día.
    Para mí hoy la rutina la rompe nada más que mi aniversario (2/5/55)y nada menos que, además, es fiesta en mi Comunidad.

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  4. Pepe, hoy no deseo la rutina, por más que me ayuda a mantener ordenada mi cabeza y mi agenda...

    Felicidades por la fiesta de... nuestra Comunidad ;-) y, por supuesto, ¡por tu cumpleaños!

    Un abrazo.

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  5. Creo que era Delibes, en "La sombra del ciprés es alargada", quien nos contaba que, el hecho de recordar solo seis o siete días de cada año, (los que brillan más que el resto y sobresalen de los demás días, ya que son los que rompen la rutina), provoca que nuestra vida se nos antoje corta, que tengamos la sensación de que ha pasado muy deprisa.
    Es bueno salir de la rutina, aunque solo sean seis o siete días al año.

    Me encanta volver a asomarme por aquí.

    Un abrazo.

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  6. Perikiyo,
    tengo que ver si, en lo que llevamos de año, he acumulado ya algún día de estos que dices.

    Me alegra volverte a ver por aquí.

    Un abrazo.

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  7. No veas lo que da de sí el tema apuntado, Negre. Todos queremos dominar nuestra vida de tal modo que la rutina sea una pesadez controlable ¡pero! .....

    No sé si fue cierto, pero se cuenta de Abderramán III que, tras larga vida y larguísimo califato en el que hizo de Córdoba la "perla de Occidente", concitó el esplendor cultural, etc, etc, dijo: "He contado los días de felicidad pura a lo largo de mi dilatada vida: suman tres".

    Y ya venidos a la modernidad, Ortega dejó escrito que "el hombre es un eterno término medio", es decir, algo que es "grisáceo" y "rutinario".

    Yo pienso que la rutina es el peaje para los días de pura felicidad, que en mi caso son muchos más que los de Abderramán III, por cierto.

    El texto me ha encantado.

    Un saludo y ponle un sillón a tu cansancio para que descanse él también.

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  8. José Luis,
    me ha gustado mucho lo de dar un sillón al cansancio... Lo tendré en cuenta. Arrastro ya, a estas alturas, la rutina y la fatiga mental del curso, con algunos puntos de colores que mejoran lo gris...

    Habia oído la anécdota que comentas, que no sé si es real o no, pero ayuda a pensar si se gasta o no la vida en cosas de provecho. Creo que yo también sumo más de tres días... y muchos minutos sueltos, como cuando, como profesora, se tiene la suerte de poder ir sembrando en algunos alumnos especialmente receptivos.

    Un saludo.

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