jueves, 7 de octubre de 2010

Quítate la gorra.

Hay en mi colegio un reducidísimo grupo de alumnos a los que jamás doy clase y con los que apenas tengo relación. No cursan mi asignatura y creo no estar muy desencaminada si afirmo que cuando lo hicieron no debieron tener una brillante nota. Ya se sabe que algunos lo llevan escrito en la cara...

Pero hoy uno ha salido del anonimato que nunca debió abandonar. Algunas veces he afirmado aquí que mi profesión tiene sus puntos buenos, rubricados por unos cuántos malos que suelen pesar tanto que son los que cuentas y en los que te explayas... El alumno en cuestión -ignoraba su nombre y casi su aspecto hasta hace unas horas- había decidido -porque el mundo le ha hecho así- que él podría estar con su gorra oscura encasquetada dentro de clase, después de ella, mientras miraba por la ventana del pasillo a las chicas de la clase de enfrente -esto, hasta que una de ellas le suelte una fresca y se líe- y hasta que su bendito cuerpo decidiera.

Y hay pocas cosas que me gusten tan poco como una persona con gorra en un espacio cerrado. Y así se lo he hecho saber. Desgraciada de mí. Valiente como nadie. Incauta. Como si no supiera yo que los adolescentes son sacrosantos, intocables, benditos en su hagoloquemedalagana, así, porque yo lo valgo:

- Quítate de la gorra. En un sitio cerrado no se lleva gorra.
- No me da la gana. Y tú a mí no me hablas así. El respeto lo primero.
- Quítate la gorra. En un sitio cerrado no se lleva gorra.
- Pues ahora ni pienso quitármela.
- Te he dicho que te quites la gorra.

Gorra bendita y bienamada. ¿Cómo se me ocurrió decirle semejante y agresiva orden a este joven de 19 años? En mi defensa ante cualquier tribunal diré que fui víctima de un ataque de enajenación mental transitoria...

- Nuestra educación es reflejo de nuestra casa. Dice mucho de nosotros y de nuestra familia.

Tocado y hundido. Mi frase favorita, repetida hasta la saciedad en mi pleno convencimiento de que la educación comienza en casa y a la escuela vamos con esa herencia. ¡Ay de mí! Ay, infelice. Di en la diana plena del joven consentido. Se volvió hacia mí, el dedo acusador, las aletas de la nariz inflamadas, de puntillas mirando a su presa: yo.

- No se te ocurra... no vuelvas... o yo.... te prometo que yo... -la amenaza se quedó contenida justo a tiempo, justo en el límite que hay entre la violencia verbal y la física, justo en el instante en el que yo ahora estaría declarando contra este joven en el cuartel de la Guardia Civil.

Quince minutos después aparecía su madre, dándome una lección de buenas maneras -las mismas que le ha enseñado a su hijo, claro, porque de tal astilla tal palo-, indicándome con delicadeza exquisita mal contenida cuál debe ser mi comportamiento, actitud y respeto haca su hijo. Santa razón la de esta mujer: ¿quién soy yo para decirle a su hijo que se quite la gorra en un lugar cerrado? Efectivamente, era ella la que se lo había tenido que decir hace tiempo.

Eso sí, que Dios le pille a esta madre confesada cuando su hijo termine de dominarla a su antojo...

De vez en cuando es bueno agradecer a los compañeros la ayuda dada. Como en este día le agradezco yo a mi compañero Pablo la que me ha dado esta mañana con esta historia...



6 comentarios:

  1. Pero es que no me entra en la cabeza que un niño pueda ser así, de verdad, ¿es que no se dan cuenta que no ha lugar -ni la gorra ni su comportamiento-?
    Aunque claro, como el Estado, papá y mamá les protegen, pues claro.

    En fin, como dices, son pocos, así que quédate con los que te alegran el día, que son las personas que merecen la pena.

    Un abrazo desde Chamberí, y recuerdos de los Schoch por allí :)

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  2. Supongo que eso debe ser lo duro de tu profesión, tener que lidiar con niñatos de 19 años y sus faltas de respeto. Realmente es admirable cómo aguantáis el tipo en estas situaciones, yo no creo que pudiera.

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  3. MiniSchoch,
    supongo que no tengo que decirte qué grupo es este del que hablo... En fin... Peor para él y para su madre, claro.

    Besos a los Schoch.

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  4. Kassiopea,
    esto no es las más de las veces, pero es tanto su peso que queda en la conciencia colectiva y dará que hablar unos días en el colegio... Afortunadamente, tengo buenos compañeros.

    Un abrazo.

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  5. Eso se arregla con un bate de béisbol y un poquito de ejercicio abdominal...jajaja.
    Un día cara a cara te contaré las lindezas de mis queridos alumnos vallecanos de fp para los cuales soy lo peor que les ha ocurrido en su vida y me lo recuerdan cada día. Claro, q alguno no tiene ni padres q los defiendan...
    Un beso y sigue forjando carácteres y haz caso a MiniSchoch.

    Un saludo Evarista ex-marista

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  6. Evarista (jajajaa....)

    Imagínate de qué grupo hablo, aunque ahora no les pongas cara... Eso sí, días después, mamá-quitatelagorra pidió que me sancionaran por lo que había dicho.

    Dales caña, que luego seguro que preguntan por tí (como hacen los otros).

    Besazos.

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