jueves, 18 de marzo de 2010

Estoy con mi crisis.

Hoy estoy en crisis.

Bueno, no exactamente. No lo estoy, pero seguro que entraré en algún estado similar o cercano, donde me preguntaré para qué hago lo que hago y si realmente merece la pena estar en el escenario de una clase...

Una amiga profesora me decía hoy que había puesto un examen en una clase dejándoles el libro y que los resultados habían sido igual de desastrosos que sin el libro.

Este mismo día, tal vez a la misma hora, corregía unos cuadernos y me encontraba que la mayoría de ellos estaban en blanco, incompletos, sucios o rotos; sorprendentemente yo, que digo las preguntas de los exámenes, no veía en ninguno de esos cuadernos la copia rápida de un estudiante -¿estudiante?- espabilado que las hubiera tomado al vuelo para estudiar al menos esas. Por no hablar de la ausencia casi total de los deberes hechos o corregidos -¿dónde habrá quedado ese bolígrafo rojo con el que se marcaba lo que estaba mal y se reescribía lo correcto que indica el profesor?

Alguno hasta descubría hoy que tenía un examen, que entregar unos ejercicios o terminar un trabajo...

Y entonces me vienen a la cabeza las familias que me dicen que la exigencia del sistema educativo actual impide a sus hijos desarrollar todas sus capacidades intelectuales, que sus hijos se aburren y suspenden porque son superdotados o, incluso, que qué quiero yo que hagan ellos si tienen más hijos.

Una vez, hace años, la madre de una alumna me dijo que no estaba de acuerdo con la nota que tenía su hija en mi asignatura y que se la iba a poner ella. Ni corta ni perezosa, sacó una calculadora del bolso y me pidió -de malos modos, claro- que le fuera dictando todas las notas que tenía aquella alumna -tal como soy yo, un mínimo de 25 anotaciones por trimestre.

No estoy en crisis, pero en las próximas 72 horas lo habré estado. Seguro. Porque tengo que terminar de corregir los últimos retoques de esta segunda evaluación y poner las notas. La crisis es para mí, claro, porque a ellos yo ya no sé si les importa...



4 comentarios:

  1. Te entiendo, no sabes cómo te entiendo. ¿Qué hacer? Buena pregunta.

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  2. Con lo nerviosa que yo me ponia cada vez que tenia un examen, no concibo como puede tener alguien tanta calma como para ni enterarse de cuándo tiene un examen. Madre mia, hay gente para todo.

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  3. Ánimo compañera, todos nos sentimos identificados contigo. Trata de ser como roca en medio de la tormenta, mantente en tu sitio, es el camino correcto; ya habrá tiempo de hacerse mercenario de la enseñanza... Mientras queden energías, dale duro, que seguro que a alguno le sirve todo tu esfuerzo

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  4. Gracias.

    El día de hoy ha transcurrido entre correciones de exámenes, trabajos enviados a última hora y rechinar de dientes en la distancia.

    Mme, yo era meticulosa en mi estudio. No se me escapaba ni una fecha de exámenes o trabajos. Pero eran otros tiempos...

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