miércoles, 19 de mayo de 2010

¿Sabes? De tal astilla, tal palo.

Hay ciertas cosas que un profesor como Dios manda no debería hacer nunca, como por ejemplo: llamar a la familia ante la duda de si el hijo ha falsificado una firma, mandar deberes, pedir un cuaderno completo, explicar un trabajo y -además- que se termine en casa o avisar a los padres cuando el alumno lleva llegando tarde a clase de forma más o menos constante.

Y es que luego te dicen que lo normal es que los hijos falsifiquen la firma de los padres, los alumnos se traumatizan con tantas tareas para casa, los cuadernos ya no se llevan, los trabajos no sirven para nada (y, de paso, se cuestiona si los evalúo o no) y es imposible que el alumno llegue tarde: mi hijo no es así, que lo conozco yo.

¿Y si yo fuera el notario que firma los papeles de su piso, el médico que le saca del apuro en urgencias, el barrendero que le deja la acera inmaculada o el funcionario de la ventanilla a la que tiene que ir sí o sí?

Eterno tema, como podéis leer aquí o aquí.

Y es que hoy volvió. Hoy me la volví a encontrar, apareció ella, seguida de sus argumentos. Hace años fue que quién era yo para mandar a su hijo hacer una examen de recuperación; hoy era otra cosa, otra nota, otro trabajo, algo sobre su hija. Yo sabía que volvería, que en algún momento del curso doblaría la esquina, bajaría la escalera, cruzaría un pasillo, y allí estaría ella, esperándome; casi me frotaba ya las manos pensando que se acerca junio y aún no nos habíamos visto cara a cara. Me equivoqué, claro, sumergida en mis vanas esperanzas. Estaba convencida antes como lo estoy ahora de que, si el próximo curso vuelvo a dar clase a su hija, allí estará ella, agazapada, esperando la ocasión de demostrar de lo que es capaz, fijando la mirada, calculando la distancia, esperando el momento preciso con más público para hacerse valer, así, a su manera.

Que no se extrañe nadie luego cuando yo digo que de tal astilla tal palo...


6 comentarios:

  1. Estas situaciones no las podemos evitar... Forman parte de nuestro trabajo. Pero seguro que cada vez, a pesar de que sigan siendo desagradables, las resuelves mejor. Teniendo todo en regla, que patalee,y que vaya a reclamar a la venta del nabo. Yo incluso animo a estos energúmenos a reclamar un examen que sé que tendrá menos nota corregido por el departamento, no por mero corporativismo, sino por propia justicia natural. Ánimo y la cabeza siempre arriba, el universo siempre ajusta sus cuentas, a esta le saldrá a pagar, ya verás

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  2. Cómo han cambiado las cosas. Yo recuerdo que cuando iba al colegio, alguna vez falsifiqué alguna firmilla y alguna nota jejeje. Claro que también recuerdo el guantazo que me soltó mi padre cuando me pillaron. Mi padre era muy buena persona y para nada nos maltrataba ni a mi hermana ni a mí, todo lo contrario. Pero si nos portábamos mal o hacíamos algo que no debíamos no nos reía las gracias, al contrario.
    El problema es que los padres ahora toleran todo y no educan como deben (no todos, claro está).

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  3. Estas actitudes recalcitrantes y reincidentes, me recuerdan a esas películas malas de terror, que tienen una segunda parte, y una tercera y una cuarta y una quinta...

    Lo malo es que las películas, podemos elegir no verlas. Tú, en cambio, te tienes que tragar estas situaciones. Van de serie con tu trabajo, como el airbag en los coches.

    Ánimo.

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  4. Profesor,
    volverá, seguro. ¿Tal vez la esperaré con la reclamación en la mano, para acabar antes?

    Gracias por los ánimos.

    Un abrazo.

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  5. Kassiopea,
    tuve una alumna hace años que salía los fines de semana con su madre, a la que jamás llamaba mamá porque se consideraban amigas. Ignoro si también compartían novios...

    Un abrazo.

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  6. Perikiyo,
    lo consideraré entonces un "daño colateral".

    Gracias. Un abrazo.

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