miércoles, 5 de mayo de 2010

¡Cómo me molestan las mentiras!

Hay personas que mienten, de forma más o menos descarada, y tal vez como un sistema de defensa. No lo tengo muy claro, pero sí lo he comprobado.

Hay alumnos que mienten: no han hecho los deberes porque tenían médico (por cierto, padres de alumnos que me leéis, es curiosa la cantidad de veces que pueden acudir al pediatra en una sola semana vuestros niños...), porque nadie en su casa les pudo tener un cuaderno a tiempo, porque el hermano pequeño les arrancó la hoja, porque tenían cuatro exámenes aquel mismo día, porque...

La mentira puede extender su red incluso entre personas que nunca esperarías, entre compañeros, amigos, vecinos o familiares. Llamadas que nunca se hicieron, recordatorios de fechas especiales que jamás se apuntaron en el calendario de la cocina, correos electrónicos que no fueron ni tecleados en su inicio, tareas de trabajo que se prometieron en vano,...

Pero hoy la sorpresa me bloqueaba, dejándome sin palabras: se decía de mí que me había negado -más o menos en rotundo- a hacer una tarea concreta en mi trabajo. Afirmación tajante, meridiana, pública. Quien lo decía se asentaba firme en su veredicto, proclamación rozando tal vez una verdad hasta entonces no revelada: yo, claramente, había dicho que no estaba dispuesta a pasar por el aro, a trabajar más de lo debido, a no cumplir con mi obligación, quizá. Claro que, todo ayudado por mi ausencia en la sala en la que se había manifestado tremenda aseveración.

Lo curioso es que hace meses que no hablo con esta persona. ¿Será que ya, por fin, tengo poderes telepáticos, y me comunico mentalmente, en sueños, con mis compañeros? ¿Podré ya alcanzar el colmo del virtualismo y realizar las ansiadas reuniones de Sociales con mis dos compañeros sin tener que hacer malabarismos con nuestros horarios, simplemente con conectar mi mente a la suya?

Ah, cómo me molesta la mentira.

Tranquilo, jefe, jefa, que mi parte del trabajo, por supuesto, una vez más como cada día en estos últimos diez años, la realizaré puntualmente. Como me decía una amiga mía hace un par de semanas, si quieres que algo salga bien, encárgaselo a una persona que tenga mucho trabajo...


3 comentarios:

  1. "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" relataba Juan, testimoniando lo que Cristo nos enseñó.

    ¡Qué bien le iría al mundo sin tantas absurdas mentiras, que lo único que hacen es prolongar la agonía!

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  2. MiniSchoch...
    estoy contigo... hummm... pero hablo de esas mentiras cotidianas, aparentemente intrascendentes, hechas con mal y doble fondo, hasta retorcidas. Las que no conducen a nada bueno y que hacen, espero efecto rebote en la persona que las lanza.

    Un abrazo.

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  3. Hay mentiras como las que comentas, cotidianas, del día a día, que a veces hacen más daño que muchas otras que ha simple vista parecen peores. Creo que es porque, aunque para mí todas son malas (lo peor, de hecho), unas se hacen con más maldad que otras, para herir.

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