miércoles, 3 de noviembre de 2010

El descaro de un pantalón vaquero.

Mi vecina de patio ha aireado hoy los pantalones. Los vaqueros. Los azules. Y cuelgan en reunión entre los tendederos, con perneras escuálidas no correspondidas: uno, dos, tres, cuatro, en reunión silenciosa y abandonada. Uno junto a otro, en ordenada fila de ama de casa, seguro que preocupada ella por no mezclar colores y que resulten airosos y sólidos, sin mancha de cualquier color. Cinco, seis.

Por eso mi ropa tendida es una muestra invisible, discreta, poco ofensiva, frente a esa cruzada de vaqueros bien tendidos, rectos, pinza con pinza. Camisetas de Niña Pequeña se enfrentan al descaro de los pantalones de mi vecina de patio. Los calcetines frente a la tela tejana y las camisas de manga larga -llegó el otoño- adelgazadas, tapando apenas el descuido de otra prenda de color que destiñó no se sabe bien cuándo. Mi ropa se extiende apenas en las cuerdas que me corresponden -ni siquiera de pared a pared-, emulando malamente el despliegue vecinal de los otros roperos y el orden perfecto -uno, dos, tres, cuatro- de sus vaqueros.

4 comentarios:

  1. A veces observando los tendederos de los vecinos se descubren cosas sorprendentes.

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  2. Una vez, me dijeron que los vaqueros se han de tender al revés, para que no cojan brillos. ¿Será verdad?

    Un abrazo.

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  3. Kassiopea...
    y vas viendo cómo crecen los hijos de tus vecinos.

    Un abrazo.

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  4. Perikiyo,
    consejo que se me olvida con frecuencia... Por eso mis vaqueros son más vulgares ;-)

    Un abrazo.

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