martes, 14 de agosto de 2012

Lucha animal entre bestia y hombre.

Todo apuntó desde el principio a que aquella iba a ser lucha épica: el hombre contra el animal, un encuentro entre dos naturalezas: la humana, racional, lógica, de bloqueo de sentimientos encontrados como pago por la estrategia; la animal, instintiva, el deseo único de la supervivencia por encima de todo, a precio de todo, irracional en su simple ser bestia. 

Apenas había comenzado la noche, el animal salió del escondite que había elegido durante las largas y calurosas horas de luz veraniega y, amparándose en la oscuridad, comenzó su ronda, buscando alimento, programado para la lucha por el sustento de un día más. No sabía entonces el hombre que aquello no había hecho más que empezar, pues el animal hizo un primer vuelo de reconocimiento -bzzzzzsssi-, casi rozando el límite del hombro húmedo de sudor del hombre, que se estremeció liberando los primeros sueños de la madrugada. 

Reconocido el terreno, el animal se lanzó en un segundo vuelo, directo al olor de la sangre caliente que se arremolinaba sobre la sábana arrugada. Cogió apenas impulso, en su frenesí por alimentarse, arrojándose a tumba abierta sobre aquellos embriagadores efluvios del hombre -bzzzzzsssssiii... Él, humano, racional, lógico, más allá del puro sentimiento, abandonando el sueño por la premura del ataque del animal, ruge y sacude vigorosamente la sábana, saca hombro -húmedo aún-, brazo, muñeca y gesticula a la nada de la habitación. 

- ¡De dónde sale este mosquito!

 

2 comentarios:

  1. Pues le va a tocar a tu hombre ser friegado amorosamente -¿por su dulce esposa?- con algún repelente diptérico antes de entregarse a Morfeo, hijo de Hipnos. Hay otros hombres, de sangre de albahaca, que no tenemos necesidad de esta prevención pues somos, nosotros mismos, repelentes naturales. Adicionalmente, te hago saber -por si juzgas conveniente que lo sepa tu amada víctima- que los dípteros cazabombarderos de tu narración son todos hembras. Los machos de su especie se alimentan de los jugos de las flores. Ya me avisó mi compañera de trabajo: "José Luis ten cuidado con las mujeres que somos todas muy malas,... parecemos mosquitas muertas pero de eso nada". "Cuando podemos chupar la sangre lo hacemos", le faltó decir. Jajaja.

    José Luis

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  2. No sabía que los mosquitos que pican son hembras, pero... tu compañera de trabajo tenía razón, me temo...

    Un abrazo.

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