lunes, 2 de abril de 2012

Aliados del Titanic de mi casa.

Uno de mis vecinos de abajo y mi vecino de enfrente, según se mira en diagonal, son aliados. Bueno, esto ya lo sabía yo, claro, porque además la escalera que nos separa es fuente inagotable de información cuando se saludan: que si el niño me ha suspendido, que si el colegio nuevo está muy bien -hasta tienen enfermera-, que si los nietos vendrán of course, dentro de poco -porque mi vecino de abajo es muy in y muy chic, y les habla a los pequeños en inglés todo el tiempo.

Los dos vecinos, que no sé si la familia entera también, son aliados, e imagino que hasta son amigos de la pareja aquella del perro grande, que no me gusta nada porque a mí esos perros me parecen peligrosos y no-son-para-estar-en-un-piso, como dice mi madre. Pero es que está bien esto de tener aliados a lo largo y ancho de la escalera comunal, y hasta apoyos colaterales en portales anexos; nunca se sabe cuándo se necesitan votos en una reunión de vecinos. Yo es que no voy a las reuniones de vecinos, lo admito, porque luego me encuentro que el acta y lo que se hace al final no coincide, y me enfado, ¿sabe?, y cuando nadie parecía darse cuenta de que tal vez mejor gas natural, que es que aquí ya todo el mundo lo tiene, oiga, y que al final el mantenimiento del butano nos va salir por un pico, pues ya le dije a Él:

- Mira, que mejor que a la próxima vas tú, que eres amigo del vecino de enfrente del otro portal, y luego ya me cuentas.

Y dicho y hecho.

Hoy volvía de hacer unas compras, por supuesto, ya no en el súper de emergencia este de aquí arriba, que no me gusta nada, sino del otro, más arriba aún, pero como están allí trabajando varios antiguos alumnos, pues parece que todo queda en casa.

- ¡Hola, profe! -me saluda uno, mientras empuja el palé de leche desnatada.

Allí estaban los dos aliados, en el portal, comentando la última reunión, algo de nuevo sobre el gas natural y que nadie parece hacer caso de sus consejos, y así nos hundamos todos, y a mí me da igual, decía el vecino de abajo.

- Pues anda, que a mí -le contestaba el otro.- Si esto te lo llevo diciendo años, que aquí no se puede estar. Y eso sí, luego la derrama, que a saber para qué es.

Así, como en el Titanic: aquí no se puede estar, y ya te lo decía yo, y que nos hundimos todos en moléculas de butano que no podremos mantener...

4 comentarios:

  1. Pues con eso del vecino que habla a los niños en inglés, el otro día iba en el autobús y coincidí con una señora que se empeñaba en hablarle a su hijo en inglés todo el tiempo. Es decir, en lo que ella debía de pensar que era inglés, pero que apenas se entendían las cuatro palabras que era capaz de llegar a pronunciar. Yo no sé si la mujer era consciente de que si el niño aprende su inglés, el pobre va listo. Pero ella estaba encantada de conocerse. Debía de creer que lo hacía bien, por asombroso que resulte, y lo daba a gritos para que de paso todo el autobús la escuchase hacer el ridículo.

    Madame, espero que su Titanic consiga salir a flote.

    Feliz lunes

    Bisous

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    1. Madame, con esta fiebre bilingüista que nos invade, acabaremos pidiendo al señor autobusero el tíquet en cualquier idioma comunitario. Miedo me da, que igual se nos olvidan las palabras en castellano...

      Intentaremos navegar, madame.

      Feliz noche.

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  2. Pues yo tenía la idea de que el butano era lo más barato. En casa pusimos calefacción individual y agua caliente por gas natural y, porque no me enfado yo por casi nada, pero pagamos unas facturas alucinantes, y somos ya sólo dos, que la chica tercera aún nos estuvo en casa hasta después de Reyes y con la melena que tiene (preciosa) pues lo suyo en el baño siempre fue una ruina (780 euros de 15-XI-11 a 15-I-12), pero es que, oye, la última factura bimensual de cuyas ocho semanas, cinco no hemos estado en casa y el resto sólos, como te decía, han sido casi 500 euracos de vellón. Menos mal que Endesa me ha tranquilizado del todo al asegurarme que sus empleados leen bien los contadores y que debe ser que tengo una fuga, pero que si no contrato con ellos el servicio de mantenimiento de la caldera, debo buscarme la vida, es decir, pagar a una empresa "autorizada" (muy importante) que me enucuentre y solvente la fuga. "Si es que la hay", me han dicho, "que lo más probable es que hayan gastado ustedes mucho en calefacción: es que hay que saber regular el termostato, ¿sabe?"

    Paqué tevás a enfadar ¿a que sí?

    José Luis

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    1. Evidentemente, alguien ha okupado tu casa durante las cinco semanas de tu viaje, porque si no, no se explica. Endesa siempre tiene la sacrosanta razón, por supuesto, y atrévete a desmentirles, no sea que, encima, te toque pagar más. Por estas.

      Un abrazo.

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