lunes, 30 de abril de 2012

Lástima: llueve.

Mamá.

- ¿Hum?

- Mamá, hoy tenemos que ir a clase de Inglés, ¿verdad?

- Claro que sí, Niña Pequeña -respondo, sabiendo que le encanta ir a esa clase.

- Pero está lloviendo... -continúa ella, mirándome fijamente. Le brillan los ojos, que ha achicado como Él cuando tiene alguna cosa preparada. 

- No pasa nada, porque tenemos paraguas -respondo, esperando por dónde va a salir.

- Entonces, mamá, es necesario -recalca- que me pongas las botas de pisar los charcos...

5 comentarios:

  1. ¡Ah, esas botas y aquellos charcos...!Una de las muchas maravillas de aquel mundo que era el mundo a través de los primeros ojos que lo miraban. Luego, en cambio,¡nos metemos en cada charco!

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  2. Pero ¿por qué "lástima" si N.P. fue doblemente feliz?

    Fue a la clase que le gusta y encima pisando charcos sin mojarse los pies, que es una de las experiencias más placenteras que existen.

    Abrazo.

    José Luis

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  3. Pepe, y cómo la entiendo... Yo hacía igual, deseando que hubiera charcos para ponerme las botas azules...

    Un saludo.

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  4. Cierto, José Luis, pero lo decía con los ojos brillantes, insinuando que era una pena, pero, lástima, no le iba a quedar más remedio (mamá, jejeje) que tener que ponerse las botas de los charcos (oh).

    Un saludo.

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  5. Ah! Ahora sí. Fue, pues, una especie de "no sabes de bien lo que lo siento mamá, pero vas tener que ponerme las botas de pisar charcos". Y todo eso dicho con el brillo de los ojos... Es que... hay que ver cómo "comunicáis" las madres con los hijos. Asombrante.

    José Luis

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