sábado, 22 de enero de 2011

No me gusta el café.

En la sala de profesores, junto a la cuarta ventana, escondido apenas entre un pequeño montón de papeles inservibles -a la izquierda- y una torre de ordenador en desuso -a la derecha-, hay un vaso olvidado con leves posos de café. Con el tiempo el vaso se multiplicó y aguanta ya estoicamente otros dos encima de él, bien encajados, tal vez creciendo al ritmo que va avanzando el curso escolar.

El vaso nos mira con respeto reverencial desde su silencioso escondite, escuchando las conversaciones quedas entre un profesor y una familia sorprendida en el delito de tener ya un hijo adolescente y no haberse enterado aún de eso; nos sigue con mirada ajena de curiosidad en los ires y venires, cargados unos con un periódico bajo el brazo, otros con veintenas de cuadernos por corregir -en el enésimo intento por buscar la excusa del aprobado. Es mudo testigo de la sucesión de cumpleaños de profesores o buenas noticias celebradas ya no en la cafetería de abajo, sino en el mismísimo corazón misterioso de la vida colegial: uno se casa, otra espera un hijo, unos cuántos planean la excursión de Segundo Ciclo -preguntándose, de paso, si el esfuerzo merecerá la pena...

El vaso, con sus posos, su rastro aún oscuro de café y su translúcida apariencia, es familia de las dos cajas abandonadas en el armario, llenas de exámenes del curso pasado -propiedad de una compañera que se marchó y las dejó como legado-, la bolsa de pelotas de tenis que nadie parece ver en la sala de reuniones, el amasijo de cables desordenados de los cuatro cajones de la izquierda y los cuatro ordenadores que permanecen encendidos al final de la jornada, en abierta oposición al cartel que los acompaña -"apaga tu sesión cuando te vayas".

6 comentarios:

  1. Vaya, madame, a mí me encanta el café, uno de los grandes placeres de la mañana. Lo que no me gusta nada son los vasos sucios!

    Buenas noches

    Bisous

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  2. Madame,
    hace muchos años tomaba café descafeinado, con leche, templado. Pero me sienta mal al estómago y decidí pasarme a las infusiones...

    Los vasos sucios tampoco me gustan, pero creo que en la sala de profesores ya me he acostumbrado a su presencia...

    Feliz tarde.

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  3. Los vasos con sus posos son mudos testigos de que el tiempo pesa. Las cosas nos contemplan inmutables en nuestro lento e imperceptible envejecer entre jóvenes.

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  4. A mí el café me encanta y cuanto más cargado mejor. Tomo varios al día, creo que soy adicta. Claro que los vasos sucios es otra historia jejeje.

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  5. Queridos amigos:
    ¡el vaso ha desaparecido!

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  6. Veo que las salas de profesores de España y Uruguay se parecen mucho...

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