Ocurrió hace tal vez seis o siete años; en clase de 3º ESO esa misma semana había puesto un documental sobre uno de los proyectos que la ONG
SED tiene en un suburbio de Paraguay. Aparecía en él la cruda, pero no por eso menos real, vida de las personas que dependen para su supervivencia del basurero de la metrópoli. Mujeres y niños, en su mayoría, escarban diariamente para lograr el material que les hará ese día más soportable; una de las escenas, mediado el documental, es el testimonio de uno de los niños, explicando cómo un día se había encontrado el cadáver de un recién nacido y, movidos por la piedad, le habían enterrado decentemente.
Pocos días después la madre de unas alumnas me pidió cita. La cuestión a tratar no era el cúmulo de faltas de ortografía que sus hijas realizaban
-supongo que siguen haciéndolo- en sus escritos
-y que justificaba ella diciendo que las palabras se pronuncian igual, da lo mismo cómo se escriban. Ni siquiera le movía para llegar al colegio que las dos necesitaran, a mi juicio, una ayuda externa para solucionar que no comprendieran sencillos textos
-muy por debajo de su nivel educativo, porque la Ley manda y hay que aprobar al mayor número de personas.
No. El problema había sido aquél vídeo, ya que una de sus hijas le había contado, llorando, lo que allí se narraba. Y venía a decirme, de forma muy clara y amenazadora, que fuera la última vez que ponía ese tipo de documentales en una clase, y menos en la de sus hijas, porque ella no estaba dispuesta a que sus hijas vieran sufrimiento y penas. El curso siguiente volví a poner el mismo documental en 3º ESO, claro. Y a la madre le respondí que fuera buscando una burbuja de cristal bien aislante para meter en ella a sus hijas el resto de su vida...
Hoy es Viernes Santo.
Los cristianos necesitamos cuarenta días para prepararnos para este día, uno para recordar la muerte del Señor, cincuenta para celebrar la Resurrección. Diariamente me rodean personas con dudas, que buscan, algunos que desean creer y en su dolor no pueden, otros que no entienden, muchos que no quieren saber, otros que abanderan discursos trasnochados sobre la existencia o no de Jesús de Nazaret.
Estos últimos son los peores, a mi juicio, porque no sólo hablan sin saber
-sin saber Historia, Teología, Literatura, Filosofía y tantas cosas que hay que saber para comprender sólo desde fuera el misterio de Jesús de Nazaret-, sino que además se creen en posesión de la verdad
-la suya-, sin permitir a los demás el resquicio de la duda ante nuestra vivencia de otra verdad... Veo en ellos resentimiento, dolor no asumido, experiencias negativas mal curadas y falta de diálogo.
Pero hoy es Viernes Santo. Hoy es un día incomprensible; nuestra mentalidad humana se resiste a lo que hoy se celebra en el mundo cristiano y grita ante Dios. Fenomenal, porque es muy sano enfadarse con Dios. Hay que hacerlo, como dice uno de mis mejores amigos, jesuíta.
Hoy es el día de aquellos del documental, de los miles de niños a los que no dejan nacer, de los que mueren en el seno de su madre, de los que son esclavos, de los enfermos, de los que sufren persecución de cualquier forma por sus creencias
-dichosos ellos, dijo Jesús. El mal no tiene solución; hoy es el día para asumirlo y para acompañar en silencio -
el tremendo silencio de las procesiones- lo que nuestra humanidad no entiende. Pese a quien le pese.