domingo, 24 de marzo de 2013

Hoy recuerdo a mis amigos salvadoreños.

Fue hace diez años cuando pisé la tierra de El Salvador. No es la primera vez que traigo aquí el recuerdo de mi experiencia, del calor de la gente y el convencimiento de que la distancia es mayor de lo que yo pensaba.

Hoy hace 33 años del asesinato de quien muchos consideramos un santo, un hombre de fe comprometido con la Palabra de Cristo, un mártir cuando una bala le atravesó el corazón mientras celebraba la Eucaristía en la Capilla del Hospital de la Divina Providencia de la ciudad de El Salvador. En el muro exterior una gran pintada con su rostro recuerda que allí dijo sus últimas palabras antes de entregar su vida en la denuncia de una guerra civil que venía matando a cientos de inocentes: jóvenes, líderes regionales, catequistas, sacerdotes,...

Cuando me marché de la ciudad, el grupo de profesores con el que conviví en el antiguo colegio que los HH. Maristas tienen en un pueblo cercano me regalaba una cruz decorada con su imagen.

Hoy hace 33 años del asesinato de Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de la ciudad de El Salvador.



 

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