miércoles, 12 de septiembre de 2012

Tal vez mañana estrene mi caja de tizas.

Carreras hoy por los pasillos, más o menos moderadas, no sé bien si para conseguir el mejor sitio o, seguro, para comprobar que todo está igual que como se dejó en junio. Un alumno nuevo se despista y bracea entre codos buscando el cartel que señala su clase, dos amigas se despiden con media sonrisa al descubrir que no estarán juntas pupitre con pupitre y el grupo de las que ahora son las mayores del colegio saluda con curiosidad a los alumnos más pequeños. El alumno del fondo, a la derecha, me mira de reojo al ver que seré su profesora, sin decidir si es para bien o para mal; callo de refilón los saludos de sus compinches al entrar en clase...

- Perdona, profe, ¿mañana puedo traer ya los cuadernos a clase? -me pregunta una alumna nueva. La catalogo rápidamente; su mirada curiosa y la tensión que manifiesta su cuerpo desgarbado me indican que seguirá mis clases sin problema.

 Me gusta el principio de curso, cuando ellos no están desgastados y nosotros, los de este lado, aún creemos con esperanza. Luego, en la primavera, será el creer pese a todo y a pesar de todo. Hoy, sin embargo, paso lista, hablo por el pasillo, encuentro un borrador de pizarra nuevo -a estrenar, como el horario, los cuadernos, este archivador que me he comprado- y coloco encima de mi mesa una cajita azul de tizas. Mañana será real; hoy, pensar que se puede.
 
 

2 comentarios:

  1. Y si no es mañana, pasado, pero lo antes posible, Negre. Y si se acaba la caja azul pronto, mejor. Soy un defensor inquebrantable de la tiza en las aulas, y no sólo usada por los maestros sino por los alumnos también. Por todos.

    José Luis

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hoy ya borraba una pizarra. A mí también me gusta que ellos escriban con tiza.

      Un abrazo.

      Eliminar

No acepto comentarios anónimos. Si no nos dices quién eres, tu comentario no se publicará.

Visito tu enlace si tu comentario no es spam, anónimo o una falta de respeto.