domingo, 23 de septiembre de 2012

Llora la bandera de España

Se puso a llover, como venía anunciándose por el picor del sol de la mañana. Él corrió a la terraza a retirar la bandera de España que ondea allí desde hace unos días: se empeña en ser el que más tiempo esté celebrando los goles de la selección, aunque yo quiero pensar que lo hace como reivindicación, porque estos días no se lleva anunciar que se es español. Que no se moje la bandera, Negre, me dijo. Que no se moje o que no llore, pienso, que para el caso es lo mismo, porque lo que cae ahora no es agua, sino falta de trabajos y mucho mes de sobra.

 Entré dos veces en la cocina, aunque a Él no le  gusta que le anden por sus terrenos, que prefiere estar solo y concentrado en guisos y el sonido de las cucharas de madera en sus cazuelas. Había abierto la pequeña ventana junto a la encimera para dejar que entrara el olor. Huele a tierra mojada, Negre, ¡cómo me gusta!, así que hoy comíamos arroz con sabor a lluvia y hondura de tierra, que cuando hay aroma a mojado es como volver a nuestros ancestros, creo, y recordar que una vez tuvimos un tótem y una Gran Madre Tierra. No sé si es lo mismo, pero cuando los terrones de la dehesa se empapan, es que algo está cambiando y huele a negro, a hondo y a dulce.

Claro que la lluvia le mojó sus cristales, los que limpió, todos, esta semana, con afán para aprovechar el buen tiempo, pero bien sabía Él que después llovería y quedarían sólo sobre el terreno transparente las hileras de carreras de gotas. Se ha salpicado su obra y ahora vemos como en un cuadro puntillista. La lluvia me lleva, entonces, de la mano a los cuadros impresionistas que le gustaban a mi amiga Pilar, de la que hace muchos años que no sé nada, pero que en su momento fue importante.

Voy a dejar secar la bandera en la entrada de mi casa. No sé si tenderla cuando se aparten las nubes. Igual es una provocación. Y eso me gusta, claro.


 

5 comentarios:

  1. Yo no soy de colgar banderas. Ni siquiera he colgado la 'estelada' que se ve estos días en tantísimos balcones de Barcelona, aunque es posible que en un futuro no muy lejano la cuelgue, para celebrar...

    (No me hagas mucho caso, a mí también me gusta provocar jijiji)

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    1. La de mi casa ondea desde hace tiempo... Bienvenida a la provocación...

      Un abrazo.

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  2. Primero: Él es un joya.
    Segundo: ¡Qué envidia de ese olor que aquí huele a olvido. El agua del Ebro está verde oscuro, llena de algas, como detenida y sedienta. La ciudad y sus habitantes estamos todos secos.
    ¿A qué huele la lluvia?

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    1. Mi hija diría que la lluvia huele a mojado, pero a mí me huele a fresco.

      Observo entonces que el Ebro no ha cambiado desde el año pasado, cuando estuve en Zaragoza...

      Un abrazo.

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  3. Eso, eso, que este año te has saltado tu aislamiento espiritual. ¡Hummm!

    La lluvia huele a todo lo que decís y a ozono (O3), que es como oler a más oxígeno, que por eso huele a frescor, a mojado.

    ¡Ay, Kassiopea, qué mal rollo éste de las esteladas! Vengo de estar unos días en Tarragona y también ahí profunden histéricas (como Mas) las tales. Me dice mi cuñado que Gerona, de donde es su encantadora yerna Pilar, es toda ella tierra estelada. Y Lérida, donde vive mi hermana y su inmensa prole no se queda atrás. Viví estos días, una escena nazi total: La fiesta mayor de Santa Tecla, plaza de la catedral, Tarragona. Unas criaturas de no más de tres-cuatro añicos; los han vestido de "dimoniets" (diablillos); una instructora está a su cargo y les recuerda en un ensayo de última hora, antes de su actuación, las consignas que tendrán que declamar: preñadas todas de odio a España. Niños usados por la política... ¡Repugnantes Nazis Fascistas!

    José Luis

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