domingo, 11 de marzo de 2012

11-M

Aquel día había huelga en la Universidad en la que estudiaba mi hermano, creo recordar, de forma que no pudo llegar a la estación de Atocha a aquella hora, como todos los días.

El padre de mi amigo, casualmente, aquel día había ido en autobús a trabajar.

Un amigo australiano me escribía en su madrugada, tras recibir la noticia.

Un compañero de la Facultad vio entrar en la estación el tren maldito.

En la estación de tren del Pozo, uno de los heridos era un conocido.

En el colegio, aquel día, se trató de tranquilizar a muchos alumnos, pues varios padres y madres iban en tren a trabajar, como siempre.

Y una compañera sentenció:

- Hoy debería haber sido el Día de la Paz.

6 comentarios:

  1. Un aniversario terrible el que se recuerda en el día de hoy. Ojala nunca vuelva a ocurrir nada parecido. Creo que esto nunca se borrará de nuestras mentes y nuestros corazones.

    Bisous

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  2. Aquel día, mi amiga María José quiso apartarse del grupo de compañeras -no estaba de humor para compartir viaje- y fue a sentarse a la última fila. Ella sobrevivió, las compañeras no.

    Desde aquel día se despierta empapada en sudor y su psiquiatra insiste en no darle el alta médica.

    José Luis

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  3. Yo no conozco a nadie que lo viviera de cerca porque no vivo en Madrid. Pero recuerdo que estaba en casa porque trabajaba de tarde y mi hermana me llamó por teléfono y me dijo: "Corre, pon la tele que ha habido un atentado muy gordo en Madrid". Puse la tele y se me pusieron los pelos de punta, no daba crédito a lo que estaba viendo. Al día siguiente fuimos a la manifestación que hubo para protestar contra semejante salvajada.

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  4. Así es, Madame. Y aún está sin resolver cien por cien.

    Feliz tarde.

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  5. José Luis, una simple decisión, en cualquier otro día, que no hubiera significado nada. Espero sinceramente que tu amiga pueda recuperarse.

    Un abrazo.

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  6. Kassiopea, seguramente el mismo impacto que me produjo a mí la noticia del 11-S. Ante el atentado de Madrid sólo hubo estupefacción en el primer momento. No era posible... Luego, llamadas y llamadas, correos electrónicos e intentos de calmar la situación en el colegio. El hospital más cercano al colegio desalojó a los enferemos ingresados menos graves (entre ellos, a mi abuelo), a la espera de recibir a las víctimas...

    Un saludo.

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