martes, 6 de septiembre de 2011

Profesor- ventanilla.

Claustro de profesores. Un día cualquiera del comienzo del nuevo curso. Los exámenes de septiembre han terminado -pulcros, inmaculados. Comienza la Junta de Evaluación con la curiosidad inicial de qué habrá pasado con algunos de los alumnos, tras el paréntesis del verano. Un tutor comenta, uno a uno, los resultados de las pruebas de su tutoría.

- Fulanito, con seis suspensas. Repite, no hay discusión: es la ley. Menganito, tres suspensas...
- Ya tenemos el lío -se comenta desde la esquina.
- Y tal como son los padres... -apunta otro.
- A esos los tenemos aquí la semana que viene amenazando... -confirma mis pesares mi compañero de al lado.
- Bueno, a ver qué le ha quedado, por si se puede hacer algo. Negre, la tuya, a ver -me pregunta el tutor.
- Nada que hacer -respondo cansinamente; quisiera saber por qué se da por hecho que mi asignatura, Sociales, tiene que ser siempre tratada como de inferior categoría frente a Matemáticas, por ejemplo.
- Venga, no te pongas así, que por no oir a la madre... -sugiere alguien enfrente de mí.
- Claro, pero como no se ha presentado, pues no hay nada que hacer -informo.

El tutor pregunta a los otros profesores malévolos que han suspendido -el alumno jamás suspende: participa- al retoño de los padres amenazadores. Como se constata que no se ha presentado, no hay nada que hacer.

- Pues nada, repite, claro -dice por último el tutor.

Por abrumadora mayoría gana el voto en blanco en la convocatoria extraordinaria. Gran parte de mis alumnos suspensos no ha aparecido por el examen o sólo ha puesto su nombre (algunos, ni se dignaron a coger las preguntas, no sea que el folio quemase...). Hoy recogían sus notas, pardiez, sin rechinar de dientes ni problemas. Mañana será el momento de ser profesora-ventanilla:

- Sí, sí, comprendo que tu hijo ha estudiado mucho este verano, pero comprenderás que con el examen en blanco no puedo hacer nada...
- Lamento mucho que tu hija no haya respondido a ninguna pregunta, pero sí, le dimos las notas en junio, sí.
- No sabes cuánto siento que tu hijo tenga mi asignatura suspensa. Claro, claro, si ya sé que es de estudiar, sí, pero, claro, es que no ha entregado el trabajo de verano y ha dejado las preguntas sin responder.
- No, no tengo ningún problema en que ponga una reclamación por escrito para ver si esta nota de 2 se puede convertir en un 5. Pida el papel en recepción.
- Sí, claro, entiendo que tu hija dice que mis compañeros de asignatura le tenemos manía, junto con el resto del profesorado, pero es que para aprobar hay que trabajar.
- Siguiente, ¿dígame?


6 comentarios:

  1. Magnífico retrato.
    Imagina, Negre, aquí en Aragón donde hasta hoy, los exámenes extraordinarios no son en septiembre sino ¡EN JUNIO!, justo una semana después de los finales. Digo hasta hoy, porque parece ser que con el nuevo gobierno popular los van a trasladar -¡POR FIN!, benditos sean- a septiembre. Estamos todos locos.
    Es como lo del título de tu post anterior: llevamos 30 años de lamentable, ideologizado y manipulador enfrentamiento entre el sector público y el privado alimentado por sindicatos y partidos de izquierda. Una rémora que no ha hecho sino dañar a la educación entera.

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  2. Pepe, estos exámenes no son la panacea, pero a veces se saca alguna cosa en claro, y algunos van así renqueando. En Madrid hace unos años no había este tipo de exámenes, porque se entendía que el alumno podía adquirir todos los conceptos y hábito de estudio del año perdido en el siguiente, de forma que pasaban de curso a curso con vagonetas de insuficientes (alumnos en 2º con 22 suspensas, por ejemplo).

    La manipulación llega, por supuesto, a la política, pues las cifras reales de fracaso escolar se ocultan -una vez más, la necesidad URGENTE de realizar una reforma educativa seria, por el bien de todos. Así, se repite sólo dos veces, se dan títulos de Secundaria a gente con Lengua y Sociales suspensa, se pasa de curso en Bachillerato con varias suspensas, se inventan desdobles y apoyos que se venden como el remedio perfecto... Esto sí que es la locura...

    Un saludo.

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  3. Parece una exageración, pero me temo que la cosa está así de mal.

    Lamentable.

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  4. Sobre todo, Perikiyo, cuando la cosa es tan delicada para los padres como para que lleguen a pensar que el suspenso es de ellos, no del hijo... Una vez tuve una familia que protestó enérgicamente -amenazas incluídas- porque su hijo tenía que repetir, pero como era muy alto, el problema era que los demás se iban a reir de él...

    Un abrazo.

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  5. ¿Esos son los mismos padres que durante el curso nunca se molestaron en acercarse a preguntar cómo iba su hijo, o que los apañan cuando se los llama para avisarles de que están en el límite de inasistencias? Porque aquí suelen ser los que más se quejan al momento de recoger los resultados...

    Claro, los hijos de los padres que sí lo hacen suelen marchar mejor.

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  6. Pues son esos, Ana Laura, sí. Y a veces viene alguno muy enfadado porque le "ha dado clase" a su hijo todo el verano y se encuentra con el suspenso (claro, como el suspenso es para él, entonces).

    Un abrazo.

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