martes, 9 de marzo de 2010

Tengo frío en las manos.

Dijo:

- Mamá, tengo frío.

Tendió su mano, confiada, con la certeza total de que también esta vez -también-, mamá sabría resolver la situación.


lunes, 8 de marzo de 2010

Día de la mujer.

Hoy es el Día de la mujer trabajadora -prefiero pensar que es el Día elegido para darse cuenta de lo que trabajan las mujeres...

Es muy fácil para mí, por lo tanto, traer a colación a esas mujeres íntegras y con afán constante de superación, como Belén, Tíamaríadolores y Carmen, o a aquellas que tenían el sueño de ser madres y ahora son un poco mejores porque han logrado cumplirlo, como Nair, esas que son Señoras -con mayúscula- como Tíamagda, incluso regalar la imagen de Olga, por cuyos ojos se le escurría la transparencia de su alma... O a mis mujeres de Guatemala, El Salvador y Honduras, que me enseñaron lo mucho que dependen de ellas los hogares que sostienen...

Podría, claro, recordar a aquellas que sufrieron o viven en la violencia. Ellos, no violentos sino enfermos, las mataron -por dentro o por fuera- sin darse cuenta de que ahora no son de ellos, sino de todas.

Pero traigo aquí a las desconocidas, a las maris que se preocupan por la educación de sus hijos, llevan su día, hacen tortillas de patata, recetan para la afonía limón con miel y retienen el tiempo del reloj al abrazarte. Esas, de las que no se habla, pero tienen nombre y rostro amable, solidarias, colaboradoras, agobiadas por el presente, con esperanza por el futuro que escriben cada minuto.

Hoy es el Día, por tanto, de las anónimas.


viernes, 5 de marzo de 2010

Aquiles y Ulises.

Ulises es uno de los grandes héroes de la mitología griega. Su astucia y curiosidad le llevan por todo el Egeo saltando de una aventura a otra, aprendiendo paso a paso y siempre con la idea clara en la cabeza de recuperar a su fiel Penélope.

Aquiles es un héroe de la Guerra de Troya. Valiente, feroz, leal a su mejor amigo, de gran carácter. Su curiosidad le conduce a ser protagonista de uno de los episodios más importantes de la mitología griega.

Por eso los alumnos que sobreviven -como pueden- a una excursión colegial como la de hoy son un poco Aquiles y un mucho Ulises. Esta mañana acompañaba a los tres grupos de 1º ESO a un museo. Preparar una visita escolar es como intentar penetrar en las murallas de Troya, pero sin caballo de madera; armarse con la astucia de Ulises para capear el temporal y rogar a la diosa Atenea que envíe grandes dosis de sabiduría y paciencia. Y, a ser posible, que el tiempo pase rápido.

El alumno que es como Aquiles y Ulises es un raro especimen al que le gusta aprender cosas nuevas y se siente atraído y contento por ir a visitar un museo; en este caso, además, uno que suele ser especialmente didáctico, muy experimental y cercano a los jóvenes. Este aguerrido alumno incluso pregunta tímidamente -no se vaya a notar que le interesa la cosa- y se acerca a tí para pedir información sobre una u otra cosa que no conoce y por la que ha sentido curiosidad.

Y este es el problema: que, como ya he dicho por aquí otras veces, la curiosidad es el motor. Yo no la veo por ninguna parte, sólo en mi alumno Aquiles, porque el resto no sabía que en un museo no se comen chucherías, patatas ni gusanitos, que las gorras no se llevan en sitios cerrados, que hay que obedecer al profesor, que no se corre ni chilla para no molestar a los otros visitantes, que no hay que tumbarse en el suelo cubriéndose con los abrigos, que en un autobús es mejor tener el cinturón puesto -por lo que pudiera pasar,...

Claro que yo lo entiendo: no es tarea de los padres educar a sus hijos, enseñarles otras cosas, curtirles en nociones básicas de cultura, proponerles el respeto como un valor que te hace mejor persona y cosas así. La tarea corresponde al colegio, que esto lo tiene muy claro mi vecina: "yo llevo a mis hijos a la escuela para que lo eduquen, que para eso están los profesores".

¿Y para qué me ha servido esta excursión? Además de para llevarme seis malas horas pensando que estos serán los adultos que llevarán España sobre sus espaldas, para decidir llevar a mi hija a ese museo. Porque yo quiero que sea un Aquiles y un Ulises, que aprenda, que respete a sus mayores, que sea honrada ciudadana, que demuestre que tiene curiosidad por el mundo que la rodea y no va a dejar pasar la vida de puntillas. Porque mi hija es mi tarea, no del colegio -o no sólo del colegio- y ella y lo que muestre es mi reflejo.

Ojalá nunca un profesor pueda pensar de mi hija que estar junto a ella es desear que pasen las horas lo más rápido posible.

miércoles, 3 de marzo de 2010

La fiesta de los toros.


Corría el año 1600 a.C. El palacio de Cnossos, en la isla de Creta, asistía a un tremendo espectáculo: el salto del toro. Jóvenes malabaristas -hombres y mujeres- se juegan la vida ante el público mientras hacen quiebros ante el temible animal; le saltan en tres momentos mientras que otros, en trío, sorprenden al público con sus acrobacias frente al toro. En algún punto no muy lejano, el artista toma unas breves notas sobre un óstrakon de arcilla; después nacerá el mosaico protagonista.

Corre el año 2010 d.C. Parlamento de Cataluña, en España; sus honorables señorías llaman a debatir una cuestión crucial para el panorama político regional y nacional -español-: la permanencia o no legal de las corridas de toros en ese punto de la península ibérica. Personajes conocidos del mundo del toro presentan antes sus sesudas señorías los pros de su profesión, mientras que otra persona documenta a los padres de la patria catalanes sobre el daño físico que ejercen los instrumentos de la lidia sobre el toro.

Y yo, mientras, me planto ante uno de mis libros favoritos de arte griego y me pregunto cómo es posible que no haya llegado ya, inmediatamente, sin pérdida de tiempo, una orden ministerial que me prohiba tajantemente explicar el próximo curso a mis alumnos de 1º ESO atrocidades semejantes: ya hace 3600 años en Europa el toro de lidia era protagonista de la cultura continental. ¿Cómo no ha habido ningún ministro, por favor, que haya impedido, a estas alturas de curso, que los inocentes infantes de 12 años vean semejante atrocidad marcada en un un mosaico minoico?

Menos mal que sus señorías han empezado a darse cuenta de que en estos momentos España lo que necesita es un debate sobre la legalidad o no de la lidia en Cataluña. Hoy podré dormir tranquila.

No importa que tengamos cuatro millones de parados. No importa que España se quede a un lado en el panorama político de la UE. No importa que el peso del euro peligre por la crisis económica que atraviesa la nación -y eso que hace unos años otro sesudo político, ahora presidente del gobierno, decía que opinar esto era ser casi un traidor a la patria. No importa que haya niños que no puedan estudiar y sean convertidos en esclavos y soldados. O que haya millones de pequeños contagiados de SIDA por el mundo. O que cientos de parejas estén deseando adoptar uno y se queden en lista de espera años y años. O que haya niñas forzadas a casarse y madres tempranas. O que millones de mujeres sean víctimas de mutilación genital. O que apenas un 40% de las mujeres musulmanas tengan acceso a una mínima cultura.

Por favor. Claro que no importa todo esto. Lo importante, sin duda, lo fundamental para avanzar política, económica y moralmente en Cataluña, España, es si la lidia se puede permitir o no. Olé con sus señorías.


Y, por favor, no os perdáis esta estupenda entrada de Joselu en su blog Profesor en la Secundaria sobre el panorama actual de nuestros jóvenes o esta otra de Juan Antonio en su blog Ah de la vida sobre lo que ha ocurrido a un profesor.

Pero vamos, que no importa tampoco.


martes, 2 de marzo de 2010

Espera.

Le dijeron que ella tardaría en llegar; incluso pudiera ser que nunca acudiera.

- No importa -contestó-. Lo importante es que yo sigo esperando.


lunes, 1 de marzo de 2010

Don Pedro.

En el autobús a Madrid hoy iba Pedro; o Donpedro, sin más. Uno de mis profesores de la extinta EGB.

Él era un profesor de la vieja escuela, de esos que obligaba a aprender un poema a la semana, hacer una redacción y un dictado al día y leer mucho para saber más. No sé si esto ahora es pedagógicamente correcto, pero lo cierto es que me enseñó que leyendo se aprende y además, se viaja, y que el trabajo honrado con gusto tiene mejor sabor en la conciencia. Creo, sin duda, que se marchó de la docencia a tiempo, pues la suya era una raza de trabajo sin esperar más recompensa que lo bien hecho. Aprendí mucha Lengua y más Literatura -porque Donpedro era y es un poeta-, pero estoy segura: me enseñó mucho más, algo que no se aprende más que prestando mucha atención.

Aprendí que la curiosidad mueve al mundo. El gusto por la conciencia tranquila. Y la satisfacción de haber cumplido con la responsabilidad encomendada.