sábado, 3 de noviembre de 2012

A mis categóricos alumnos de Secundaria.

No.

Decididamente no.

Definitivamente no.

Categórica, rotundamente no.

Los deberes, las tareas -los trabajos, como gusta decir un compañero, eufemístico él- no importan ni interesan a mis alumnos adolescentes.

Efectivamente.

Sí.

Absolutamente sí.

Tajantemente, sí.

Estoy en lo cierto. Y tengo pruebas, aquí, a mi lado, insoslayables.

No y sí porque no leen los enunciados de las preguntas. No pasan sus ojos ni someramente por la tarea que se les pide. 

Pero eso sí: escriben, escriben, escriben.

¿El qué?

Ah, amigo, lector, compañero, visitante del otro lado de la pantalla.

Escriben sin leer ni entender -ni deseo alguno por ello- los enunciados. 

Y luego lo entregan en blanco. Puro, inmaculado, límpido todo en la hoja que llevan en la mano, con la sonrisa del que ha satisfecho lo encomendado.

Y aún no me pregunto, tantos años después, si se piensan que yo hago lo mismo con lo que me entregan...

 

2 comentarios:

  1. Ay, que te entiendo, pero desde el punto de vista de madre. Me enerva ver cómo mis hijos no ponen el mínimo interés en hacer determinados trabajos. ¿Es que todo les da igual?

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  2. Yo creo que todo no, Sara, pero sí aquello que no tiene relevancia y éxito inmediato... El sistema (des)educativo actual favorece la cultura de lo fácil y de la ausencia del esfuerzo...

    Un saludo.

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