martes, 19 de junio de 2012

Escaleras, niño, pequeño.

Ten cuidado, niño, pequeño, o te caerás. El suelo está resbaladizo en esta pendiente y hay demasiada altura para ti. ¿Cómo te dejaron solo, si aún parece que abandonaste sólo por esta noche el chupete? No, no, es cierto: papá está ahí, claro, hablando con aquella chica de camiseta roja y coleta rubia, esa, la que está tres puestos por delante en esta larga cola. Yo creo que la conozco, sí, ¿Eva? Pero llevaba gafas antes, en el Instituto, si es ella, que no lo sé, porque últimamente me encuentro a gente de la adolescencia a la que reconozco a duras penas, porque todos han cambiado menos yo, que me veo en el espejo, sí, con algunas canas ya, pero el mismo pelo -corto esta vez, claro, pero era inevitable-, gafas -más finas, claro, porque también era inevitable.

Vaya, sí, papá se ha dado cuenta de que la altura es demasiada para tus cortas piernas: te ha quitado la diversión de subir y bajar por el lado menos agudo de la pendiente, pero es normal, son cosas del cargo, como diría Él. Cuidar, vigilar, proteger: el exceso es malo, te conviertes, ¿te convertirás? en un niño hiperregalado, espero que no, por tu bien, pero mientras tanto quítate de ahí, niño, pequeño, que te vas a caer.

La primera de la fila esta, mira, a esa también la conozco, aunque no sé, no le pongo nombre, pero sí, me suena su media melena rizada y las gafas, mira, esas no se las ha cambiado. No me gusta su camisa, ¿ves?, oscura, con estampado como los de antes, brazos en jarras, puede que me haya situado por el rabillo del ojo. Está la primera, pero eso no quiere decir nada, después de guardar turno durante estas dos últimas horas en las que te ha dado tiempo a explorar la pendiente, las escaleras, ten cuidado, niño, pequeño, no te vayas a caer. ¿También a ti papá te viene a apuntar a la escuela de natación?

 

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