viernes, 7 de diciembre de 2012

Mesón comidas de pan y chocolate.

Aquel día pasé por esa calle. Siempre que doblaba la esquina, justo donde antes había una casa baja, blanca, de tejado rojo y jardín de los de antes -losa, banco en la calle y macetas con geranios-, me acuerdaba de ella y de las veces, pocas, en las que la acompañábamos a la guardería, aunque ya era mayor, como nosotras, pero su madre le decía que la esperara allí porque ya la conocían y le darían la merienda: pan con chocolate, y también para las amigas. 

No sé qué había al final de la calle entonces, aunque sí, es cierto: ni me acuerdo de la calle, sólo de la esquina, la guardería, ella y el pan con chocolate. Pero hoy pone mesón donde antes me daban pan con chocolate, y se me antoja diferente y de letras que evocan tierra, murallas y piel chamuscada al fuego. Mesón y comidas, que no sé si es como dar de comer al hambriento y al obrero del final, por donde pasa el río y donde siempre hay obra porque parece eterna o es que no se cerró nunca y yo me lo creo porque paso poco por allí. No hay murallas, no hay castillo, no hay plaza y no sé si habrá pan, chocolate o piel para chamuscar, pero tiene el menú en la puerta, pintado como antes: a golpe de tiza sobre fondo negro de propaganda de bebidas...

Ella ahora trabaja en el otro lado de la ciudad, que lo sé yo porque la he visto...


  

2 comentarios:

  1. Comidas de pan y chocolate... ¡qué preciosidad! Qué buen mesón era aquél de jardín y blanco a la calle: no dejaba a nadie sin su merienda. Eran tiempos de compartir lo poco que hubiera... ¡como ahora! ¡JÁ!

    José Luis

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    Respuestas
    1. Y qué deliciosos los recreos mientras se abría el papel de aluminio para descubrir el pan o las galletas con unas onzas de chocolate...

      Un saludo.

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