viernes, 3 de julio de 2015

Un trono es una silla.



Mi vecino se ha comprado una silla de madera, plegable y pequeña, que utiliza como un manejable trono y desde la que otea el horizonte de la urbanización, en el pequeño reino de su casa y el diminuto balcón. La silla es el sitial de su poder rumboso y mirada vigilante, que le permite saludar a mi otro vecino, el de enfrente, que se marchaba con maletas huyendo de este calor estival y meseteño para enfrentarse con otro igual de veraniego, pero a la orilla de la playa. 

- ¡Un mes se pasa pronto! -le dice con voz gutural al joven hijo del vecino, rompiéndole la alegría de las recién estrenadas vacaciones. 

La silla, sede canicular, preside la pequeña terraza y desde ahí, imagino, pasará un canal tras otro del televisor en la noche, cuando los niños dejan a los mayores y la reloj va más fresco. 

- Trae una cerveza, cariño -le dice a ella, que no tiene silla...

 

0 ideas:

Publicar un comentario en la entrada

No acepto comentarios anónimos. Si no nos dices quién eres, tu comentario no se publicará.

Visito tu enlace si tu comentario no es spam, anónimo o una falta de respeto.