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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Hoy Niña Pequeña cumple diez años

Mamá -llama Niña Pequeña. 

 -¿Hum? -pregunto, levantando levemente la mirada de la pantalla del ordenador. 

- Mamá -dice-. Me acosté con nueve años y hoy me he despertado con diez -indica, como solamente puede estar orgullosa quien cumple años y decenas...

Y es por eso que hoy se reestrena aquella mañana brillante de sol y calor en un final de noviembre de hace diez años, dos días después de cuando se la esperaba. 


 

domingo, 14 de agosto de 2016

¿Tienes una tortuga?

Es de esmeraldas y naranjas otoñales. A veces Él se queda mirándola con sus ojos azules y parece que los dos batallan en colores: ella, deslizándose en su jaula de agua, Él contemplando cómo contiene la respiración. 

- Cuánto aguanta debajo del agua, Negre.
- La adaptación a la Naturaleza -le digo, mientras ordeno por enésima vez los papeles del colegio...
- ¡Mira, mamá, que se quiere comer la hierba artificial! -protesta Niña Pequeña.

Ella se mantiene impasible, serpenteando arriba y abajo de su acuario, indiferente a cómo el sol que ha entrado por la ventana juega con los colores de su caparazón. Baila a izquierda y derecha y se deja mecer por las corrientes de su filtro. 

- ¡Tengo una sorpresa que le va a encantar a Niña Pequeña! -anunció Él hace meses, aún antes de cerrar la puerta de casa. 

Como en una ceremonia, solemne, nos la presentó, sonriendo como sabe hacer, mientras le brillaban los ojos: como el que se reserva lo mejor para el final y paladeando nuestra sorpresa anticipadamente.

- ¡Una tortuga! -gritó Niña Pequeña.

Llegó hace varios meses para quedarse, porque no tuve corazón, y ahora baila para mí cuando sabe que es su hora de comer...




 

sábado, 23 de abril de 2016

¿Qué pasa cuando se acaba algo?

Arde casi la impresora de mi pequeño rincón de trabajo, acumulando papeles interminables...

-¡Es el fin del mundo! -grita Niña Pequeña, mientras se queda -como si nada- sentada con sus muñecas en el cuarto.

...Me oyó decir, rabiosa, que se me había acabado de repente la tinta amarilla...

 

lunes, 30 de noviembre de 2015

Hoy es el cumpleaños de Niña Pequeña (van 9)

Mamá.

- ¿Hum?

- Mamá, dame una pista sobre mis regalos -me dice con los ojos luminosos.

- No puedo, Niña Pequeña, ¡que entonces no serían sorpresa! -le digo, sonriendo.

- Ah. Claro... -me dice, pensativa. 

...

- Mamá.

-¿Hum?

- Mamá, creo que las sorpresas hoy me gustan solamente a medias -me dice, mientras le señala a su oso de peluche favorito los años que hoy cumple: 9 años de noches de otoño frío e invernal. 9 años de una vida por empezar. 


 

lunes, 13 de julio de 2015

Estimado Ratón Pérez (otra vez)

A la atención del Sr. D. Ratoncito Pérez. C/ Arenal, 8, (Madrid, España)


Muy sr. mío: 

Por la presente le comunico que, tal y como se preveía para hoy, esta mañana Niña Pequeña se ha visto mermada de una nueva pieza dentaria, concretamente, de un canino inferior izquierdo, que venía ya desestabilizándose desde hacía dos semanas y que, finalmente, ha cedido a la fuerza generada por la correspondiente pieza de repuesto sita aún en el interior de la encía. Se da la circunstancia, además, de que esta tarde la dentista y ortodoncista revisará, una mes más, la evolución bucodentaria de la joven.

Ruego tenga presente este hecho, una vez más, a fin de depositar un pequeño presente en la habitación de Niña Pequeña, la cual, a tal efecto, ha dejado ya preparado un espacio para recibir el tradicional regalo, como viene siendo habitual desde hace unos años. Con vistas a agradecer su trabajo nocturno podrá encontrar un pequeño aperitivo para reponer fuerzas, que esperamos sea de su agrado. 

Agradeciendo de antemano su visita, le saluda

   

viernes, 15 de mayo de 2015

¿Hoy qué ceno?

No suelo ir allí con frecuencia porque me pilla a desmano, aunque trabajan tan bien que hace tiempo pusieron en el interior del establecimiento cuatro banquitos de madera para disfrute de la clientela y evitar el cansancio de la larga cola de hombres y mujeres en espera de su turno para pedir. Cambiaron de local hace años, pero él sigue al frente del negocio, ayudado por su mujer y, desde hace no mucho, por quien creo que debe ser un familiar, que preparar silenciosamente las bandejas de productos en la trastienda con meticulosidad y limpieza. 

Pero el sábado aproveché que era tiempo de recados y de hacer todo aquello que durante la semana se queda atrasado, derivado por la urgencia del trabajo y la ayuda escolar a Niña Pequeña. Llegué pronto, aún las clientas de la mañana no se agolpaban en el pequeño espacio que dejan los mostradores, los cuatro bancos -cuatro- estaban vacíos, examiné el género. Me maravillé, una vez más, de la rapidez del cuchillo de él para cortar -chac...chac...chac- el pedido, la precisión de ella al colocar el resto en las hojas de papel parafinado de rayas blancas y naranjas, ningún movimiento excesivo e inútil, precisión matemática: bandeja, pesa, papel, doblez, bandeja, pesa, papel, doblez, ella y él bailando de forma concisa en el limitado espacio de sus cámaras frigoríficas y mostradores fríos. 

- Mamá-
- ¿Hum?
- Mamá, ¿hoy qué ceno?
- Rollitos de jamón y queso, Niña Pequeña, que sé que te gustan.

Ella se relame mientras sonríe de soslayo -ya sabe, desde hace tiempo, mujer.

- Mamá, ¿a que fuiste a la pollería que te gusta?
- Claro...

    

domingo, 3 de mayo de 2015

Lanza y rocín tras caer enferma en la batalla.

Se me fueron las fuerzas el jueves a mediodía, deslizándose sin prisa y sin pausa mientras yo luchaba en mi batalla particular de tiza y pizarra. Y no pude más. Y tuve que sentarme en aquella silla de profesor, la negra, la que está junto a la mesa grande y que nunca -por costumbre, por norma, porque el profesor debe circular por la clase y hacerse presente a sus alumnos de manera constante- uso. Y se me acabó la energía, la fuerza y la palabra y me rendí y dejé que el dolor me recorriera sin mostrar batalla. Y pedí permiso para marcharme a casa antes de terminar el trabajo, doblada, vencida, pálida y agotada como tierra yerma exprimida. Y yací tres días en cama, defendiéndome contra una fiebre que no parecía mía, pero que lo era, y un estómago que estaba fuera... Y hoy he vuelto de nuevo a coger lanza en astillero y adarga antigua, sin rocín ni galgo corredor. Se acabó el bregar contra molinos de gigantes.

    

lunes, 30 de marzo de 2015

Carta a Maruja (35): lucha no cotidiana.

Una nueva carta a mi vecina Maruja, que se vio envuelta en una lucha que no es la suya. Puedes leer la carta que le he escrito pinchando aquí.


 

sábado, 21 de febrero de 2015

Segunda. Izquierda. Rotonda.

Tome la segunda a la izquierda. Rotonda -me dice con su voz femenina de sabelotodo. 

La miro de reojo, aquí a mi derecha, en el puesto de copiloto del Negrevercarruaje, donde se acomoda con su apariencia opaca y negra. Imperturbable, me dice de nuevo: 

-Tome la segunda a la izquierda. Rotonda. 

Tres carriles se convierten de repente en cuatro que se bifurcan doblemente -¿quién inventó carreteras que se multiplican sin control y giran sobre sí mismas?- y el horizonte se transforma en señales blancas, azules, rectángulos amarillos y cuadros verdes, números, iniciales, de pronto, cuatro flechas. 

- Tome la segunda a la izquierda. Rotonda -aunque sé que quiere decir ro-ton-da-Ne-gre-ya.

Dudo. Dudo como casi nunca lo he hecho en mi vida, yo, que pienso meticulosamente todas las decisiones que se chocan conmigo y actúo al final con un fragmento suelto de corazón. No hay rotonda, pequeña, y sí dos a la izquierda, y a la derecha, y la salida a una radial que antes no estaba -o sí, porque no me fijo-, cuatro carriles, seis, varias líneas discontinuas y a mí no me gusta conducir. 

- Tome la se-gun-da en la ro-ton-da -me parpadea en una flecha amarilla. 

Sigo recto, porque no sé y deseo ahora mismo que la carretera se pare, el tomtóm recalcule y busque una salida a mi encrucijada de carriles negros y señales de colores. No: no tengo una buena relación con este aparato, que pienso algunas veces que es de pega y me pone a prueba porque no acabo de tomar en tercera las rotondas, como me avisó mi profesor de autoescuela y al que prometí solemnemente que obedecería...


 

jueves, 25 de diciembre de 2014

No es blanca Navidad.


Entre ayer y hoy decidieron por la calle cantar aquello de Blanca Navidad, por más que en esta Navidad no hay ni una nube en el cielo y sí le da suficiente luz solar a la flor de Pascua que me regalaron hace una semana en la floristería de la esquina. Donde yo vivo hay río, sí, pero por más que se empeñaran hoy los niños del coro de la misa de doce, ni un pez para mirar cómo bebe por ver a Dios nacido en este 25 de diciembre. No tengo pandereta ni zambomba, no estoy con mi suegra -y ni se me ocurre darle en mitad de la nuez, como reza otro villancico de estas fechas. A mí lo que me gusta, le decía hoy a Él, mientras preparaba la comida -no yo, que no me gusta y por no saber, ni distingo comino de orégano-, es lo del tamborilero aquel.

- ¿Por qué, Negre, porque mira que hay villancicos más bonitos para estas fechas? -me pregunta, mirándome de reojo con sus ojos azules.

- Porque es el más pobre de todos: por no tener, sólo posee un zurrón y le regala al Niño lo mejor de sí mismo: su canción, a ritmo de tambor -le digo yo sin respirar, del tirón, que cuando estoy inspirada, no hay quien me pare. 

Por eso le he prometido a Niña Pequeña que mañana, cuando paseemos por la Plaza Mayor de Madrid y vayamos de puesto en puesto, buscaremos un pastorcito -mejor, una pastora- que lleve un instrumento musical, y lo pondremos en el Belén de casa, que todavía hay espacio...


 

miércoles, 15 de octubre de 2014

¿A qué sabe un beso?

Pan y queso saben a beso, me decían: textura tierna de aquel membrillo que tapaba como dulce edredón el bocadillo de las tardes de campamentos de mi adolescencia... Creo que lo que más me gustaba era la suavidad carnosa del dulce, que aplastaba con la lengua contra el paladar -chist, chist- hasta romperlo en trozos, imaginaba que redondos y brillantes; se mezclaban en la boca cada uno de ellos con la aspereza del queso y la corteza: fuerte y seco aquel, sabrosa y crujiente la otra, terso y diáfano el membrillo, ámbar de azúcar. 



No sé cocinar: cocina Él y trastea en la química de pucheros y sartenes; pero no sabe hacer membrillo (sí su antigua novia, dice, que cogía la fruta de los terrenos de su padre, allá en el pueblo); pero esta semana preside la segunda balda de la nevera un pequeño plato de golosina, regalo de una amiga.

- Toma, Negre, que sé que te gusta -me dice Él, acercándome pan, queso, membrillo brillante.

Y dejo por un momento lo que estaba haciendo: corregir, poner notas, burocracia, papeleo, mirar de reojo el libro de Latín, imprimir un papel,..., para poner todos mis sentidos -¿se podrá oler el gusto?- en romper la esponjosa pulpa...

    

martes, 12 de agosto de 2014

Este blog cumple hoy cinco años.

Hoy es un día de cumpleaños: el de este blog y el de su hermano mellizo, En clase. Hoy hace cinco años que comenzaban ambos a rodar por la blogesfera. Cinco años después, los dos han servido para establecer relaciones sociales online, conocer otros blogueros (muchos de ellos, profesores), abrir una vía de comunicación más entre mis amigos, lectores, familias de alumnos, alumnos,... Mis blogs y yo hemos acudido a cursos de formación, hemos enseñado a otros, nos hemos presentado ante profesores y andamos por las redes sociales. 


A todos los que habéis leído alguna de las entradas de ambos blogs, aplaudido, criticado, comentado, reído, llorado, sugerido, votado, copiado (ejem) o estudiado con ellas, a todos, muchas gracias. 

Y tras cinco años, muchas son las entradas que han sido especialmente leídas o queridas por mis lectores; os dejo aquí diez de las entradas más leídas de cada uno de los blogs mellizos, para que las recuerdes... o las conozcas. 

Oculimundi: 
  1. Te deseo, tiempo.
  2. De pastiches y guirlaches
  3. Hoy es un día tan especial...
  4. Aviso de la escuela de padres.
  5. Dar de baja mi modem USB
  6. ¿Y qué hay en mi cuaderno?
  7. 3, 2, 1: Nochebuena.
  8. Dulces de Halloween.
  9. Feliz cumpleaños, Niña Pequeña.
  10. Esta estación ni fría ni caliente
En clase:
  1. ¿Qué es la Rosa de los vientos?
  2. Las herramientas del hombre prehistórico.
  3. ¿Qué es la escritura cuneiforme?
  4. La constelación de Orión. 
  5. Simón Bolívar, el libertador. 
  6. La Venus de Willendorf. 
  7. Cómo hacer una exposición oral. 
  8. El Tratado de Tordesillas. 
  9. Leyendas de la Virgen de Montserrat. 
  10. Las tres Gracias (Rubens)
   

lunes, 28 de julio de 2014

Carta a Maruja (32): piscina municipal

Mi vecina Maruja ha bajado ya a la piscina y tomado posiciones veraniegas. Le he dado las gracias en una carta que puedes leer aquí.

viernes, 11 de julio de 2014

Niña Pequeña es un oso.

Mamá -llama Niña Pequeña.

- ¿Hum? -respondo, levantando la vista del artículo de Historia que estoy leyendo.

- Mamá, toma: tienes que pintarme la cara con estas pinturas. -dice seriamente, tendiéndome una caja a estrenar de lápices para pintar caras. 

- Vale -me gusta dibujar-. ¿Y eso? -pregunto, mientras dejo la revista de Historia y me acomodo en la silla. Cojo la caja de pinturas y la voy abriendo, porque conozco lo testaruda que puede llegar a ser Niña Pequeña...

- ¡Mamá! -protesta-: porque voy a ver ahora los dibujos de los osos amorosos y tengo que estar como ellos, con corazones en la cara. 

- Ah.

 

miércoles, 2 de julio de 2014

¿Por qué es importante mi bata?

Ha comenzado el tiempo vacacional. El mío, vaya. Y no porque lo diga la órbita de la Tierra en inclinación adecuada con el Sol ni porque el termómetro juegue a subir y bajar. No. Nada de eso. El tiempo vacacional -el mío, vaya- comienza en el instante preciso en el que mi bata blanca del colegio se descuelga del perchero del despacho y llega en una bolsa verde hasta el tambor de mi lavadora. 

Por eso el tiempo vacacional -sí, el mío- se divide en tres momentos claves: Navidad, Semana Santa y Verano. Así, con mayúsculas. Porque es más grande y a mi bata le dará tiempo a quedar blanqueada, planchada, perfecta para empezar su vuelta al cole -y yo con ella- dentro de dos meses. Por si acaso, esta vez me guardé de revisar sus tres bolsillos, para no lavar con suavizante los pequeños trozos de tiza que luego mi amigo Nacho me pide para sus clases, ni para dejar que sonara -claclac, claclac- el pin de mi nombre dando vueltas en lo profundo de mi lavadora nueva. 

Y cuando mi bata esté ya seca, lista para ser planchada -que ya lo hago yo, Negre, que tú esto de camisas y tu bata no lo haces bien, me dirá Él-, volverá a la bolsa verde, aquí en el pasillo de la entrada, dispuesta en línea de salida y deseosa -la primera- para comenzar en septiembre a las aulas.

         

sábado, 15 de marzo de 2014

Un gesto revolucionario en la cocina es... (2)

Hoy, como todos los sábados en los que Niña Pequeña y yo nos quedamos solas y comemos juntas, he cocinado espaguettis con nata. No me gusta cocinar, no disfruto nada con los tejemanejes domésticos y no me aclaro con esta química casera de mezclar ingredientes, así que las pocas comidas que preparo yo son de emergencia, de batalla de guerra del Vietnam, en ausencia de Él.

Y no es la primera vez, sin embargo, que hago gestos revolucionarios en la pequeña cocina de mi más pequeña casa: pequeños detalles que se revelan grandiosos y me hacen remontar un peldaño más en mi conquistada independencia. 

No es difícil hacer esos espaguettis, que son siempre para mí recuerdo de mi amigo Óscar, que sé que me lee a veces desde Honduras, y que me trasladan en el pasado a la tarde-noche de cada jueves de hace dieciséis años, cuando, por costumbre en la casa, cocinábamos para los demás, los dos solos, sin hablar mucho, pero acompañándonos siempre. Queso, jamón, nata, pasta, pimienta, unas vueltas y Niña Pequeña va poniendo la mesa. 

Y es ahí, en el precios instante en el que la pasta toca, redonda, ocre, aún dura, el agua burbujeante, cuando me acuerdo de mi madre: ella, que siempre decidía cortar en dos o tres partes cada uno de los espaguettis hasta convertirlos en poco más que fideos; así, porque ella era de esta manera, dictatorial en la cocina, intolerante en las costumbres. 

- ¿Por qué cortas la pasta, mamá? -le preguntaba yo, escondido medio cuerpo tras la puerta de la cocina. 

- Porque me da la gana -respondía ella, que siempre fue mala madre y nunca supo de ternura. 

En ese preciso segundo he echado revolucionariamente cuatro nidos de pasta, bien larga y ancha, dejándolos reposar brevemente, sin trocearlos, en un gesto que recordarán los invisibles ojos que me observan cada día, conquistando un diminuto fragmento más de mí misma, alejando de mi casa el fantasma non grato de la que era mi madre. Porque me gustan así, mira por donde, porque Niña Pequeña se entretiene con ellos en el tenedor. Porque son mis espaquettis, mi nata, mi jamón, mi aceite y pimienta, mi Óscar.


martes, 18 de febrero de 2014

La lesión de Niña Pequeña.

Niña Pequeña se ha lesionado.



Realmente, ha sido lesionada por otro; ¿y por qué no usaremos tanto la pasiva en castellano? Porque así ha sido: pasivamente, por casualidad, cuando no debía de estar ahí y su dedo tenía que haber ocupado su posición habitual, recogido en la mano, y quizá debió haber previsto el ataque del pie de su compañero de clase -mucho más fuerte, mucho más impulsivo, mucho menos atento-, fuera de la trayectoria del balón y sí más cerca de lo debido de una de sus falanges. 

Esta noche su venda luce blanca, pero esta mañana era un cuadro de corazones rosas y azules y líneas verdes. Le duele. Le acompañará una semana, como poco. 

- Mamá -dice, mirando de refilón su dedo lesionado, quizá levemente fisurado.

- ¿Hum? -digo yo, recordando la cara y el nombre del niño que confundió balón con dedo...

- Mamá, esta venda tan blanca es aburrida...

    

jueves, 30 de enero de 2014

Estimado Ratón Pérez: hoy, de nuevo.

A/a Sr. D. Ratoncito Pérez. C/ Arenal, 8. Madrid (España)

 Muy sr. mío:

Por la presente le comunico la pérdida dental (la séptima) que ha sufrido esta mañana Niña Pequeña, que cuenta ya con siete años y cursa 2º de Educación Primaria. Podrá usted comprobar que ha sucedido de forma accidental, pues se encontraba comiendo en casa de su amiga de clase y, entre macarrón y macarrón, el diente, un incisivo lateral superior, ha sido deglutido en salsa de tomate. Para su tranquilidad, le indico que la madre de la susodicha amiga lo ha tomado a broma y sin drama.

A fin de que usted pueda comprobar que, efectivamente, no encontrará la pieza dentaria esta noche en la mesita de noche, Niña Pequeña le ha preparado una pequeña misiva, acorde con su tamaño y deseando que no le pese en el viaje; junto a ella podrá encontrar un aperitivo consistente en unos pedacitos de queso curado de oveja y algo de leche o agua, a elegir. 

Esperamos todos con curiosidad e impaciencia el presente que tenga a bien dejar esta noche. 

Le saluda,
 
 

viernes, 10 de enero de 2014

Usar tuppers es un problema en la cocina.



Primo Número Cinco dice que no puede haber nada peor para un matrimonio que un tupper; una colección de útiles, herméticos, decorativos, coloristas y, francamente, necesarios tuppers

Creo que Prima Cónyuge Número Cinco no opina igual, porque ella es una mujer práctica y asentada, que quiere profundamente a Primo Número Cinco, pero que sabe de las delicias culinarias que un buen tupper puede esconder durante días en su interior, de la comodidad de que sea lavado en el lavaplatos y de que permita, además, escribir despacio y con buena letra el contenido y la fecha de envasado para reposar después, pacientemente, en alguna esquina del congelador. De hecho, recuerdo los tupper aplanados y rectangulares, de tapa azul, en los que Primos -ambos Número Cinco-, desplegaban en la mesa redonda de una de sus casas, allá cuando yo no conocía a Él e iba a visitarlos unos días. 

Asombrada ante la categórica afirmación de Primo Número Cinco, mi cara debió de ser un poema o relato fantástico que le dejó durante unos segundos -pocos- sin habla. Los suficientes para aseverar, con sonrisa seria y chispeantes ojos: 

- Prima De Madrid, lo malo de los tuppers no son su existencia, sino el armario de la cocina donde se guardan. Y eso, sin duda, mina a un matrimonio. 

Me quedé arrinconada ante la sencillez de sus palabras.

Un rayo había cruzado mi pensamiento: la imagen precisa del armario de doble puerta blanca donde descansan sin control y en total anarquía, los tupper de mi cocina...