
No sé qué había al final de la calle entonces, aunque sí, es cierto: ni me acuerdo de la calle, sólo de la esquina, la guardería, ella y el pan con chocolate. Pero hoy pone mesón donde antes me daban pan con chocolate, y se me antoja diferente y de letras que evocan tierra, murallas y piel chamuscada al fuego. Mesón y comidas, que no sé si es como dar de comer al hambriento y al obrero del final, por donde pasa el río y donde siempre hay obra porque parece eterna o es que no se cerró nunca y yo me lo creo porque paso poco por allí. No hay murallas, no hay castillo, no hay plaza y no sé si habrá pan, chocolate o piel para chamuscar, pero tiene el menú en la puerta, pintado como antes: a golpe de tiza sobre fondo negro de propaganda de bebidas...
Ella ahora trabaja en el otro lado de la ciudad, que lo sé yo porque la he visto...
Comidas de pan y chocolate... ¡qué preciosidad! Qué buen mesón era aquél de jardín y blanco a la calle: no dejaba a nadie sin su merienda. Eran tiempos de compartir lo poco que hubiera... ¡como ahora! ¡JÁ!
ResponderEliminarJosé Luis
Y qué deliciosos los recreos mientras se abría el papel de aluminio para descubrir el pan o las galletas con unas onzas de chocolate...
EliminarUn saludo.