miércoles, 3 de julio de 2013

Gritando la necesidad de desconectar.

La estantería que guarda mis carpetas del trabajo, el ordenador que no funciona, los botes de bolígrafos y los libros de actividades está pidiendo unas vacaciones. O que la ordene; más bien, que la libere de la carga de vigilar que los folios no se desparramen por el suelo o que los recambios de la impresora se mantengan más o menos en su sitio a lo largo de los diez meses del curso. 

Y seguro que encontraré en alguno de sus rincones los rotuladores -rojo, azul, verde- que perdí en el segundo trimestre y la caja de tizas de colores, porque decidí sustituirla en las clases de Geografía por los mapas proyectados desde la pizarra digital. Hay, además, algunos post-it amarillos que anotaciones que olvidé  y una grapadora que ya no cumple, desde hace tiempo, su función, pero por si acaso, dejo en la segunda balda, no sea que en algún momento me dé tiempo a ver qué le pasa. 

Hasta los muebles del salón piden ya unas semanas de descanso...

 

sábado, 29 de junio de 2013

Sobre libros veraniegos.

Ya estoy saboreando el tiempo que me queda para poder empezar a leer mis lecturas pendientes del verano...

Me esperan.

 
 

miércoles, 26 de junio de 2013

Cosas que no puedo hacer con mi e-reader.

Foto real. Algún punto entre Madrid y la Sierra.
Su acompañante -moreno, media melena, barba cuidada- le señaló el asiento antes de abrir una bolsa de plástico de la que fue sacando varios libros de edición de bolsillo; se veían gastados, pero no manoseados: una edición ya antigua de la editorial Austral, gris, portada en blanco con el título en grandes letras negras: Kant, Nietzsche. Se los fue pasando uno a uno a ella, mientras comentaba la suerte que habían tenido por haber encontrado esos ejemplares, programando ya la relectura de uno de ellos. 

Ella cogió uno de los libros que el chico le tendía. Lo abrió apresuradamente por la primera página, pasó algunas otras. Y de forma natural, se lo acercó, lo olió, lo sopesó, volvió a pasar dos o tres hojas, volvió a acercarlo a su nariz, aspiró mientras sonreía y miraba a un punto que no distinguí, mientras se dejaba llevar por el traqueteo del tren, línea Madrid a la Sierra oeste. "¡Qué bien huele!", exclamó alegremente a su acompañante. 

 

lunes, 24 de junio de 2013

¡Atención! Cosa de hombres.


Brazo-en-la-ventanilla: loc. prepos. m. ?: 1. Dícese de la forma de conducir más viril. 2. t. Construcción empleada con frecuencia para designar el gesto de ánimo (cf. venga-vamos) que acompaña al uso manual de los intermitentes y dirigido al conductor inmediatamente posterior, a fin de que adelante rápidamente al propio. 3. coloq. Gesto de posesión de vehículo a motor (cf. más-chulo-que-un-ocho).

   

sábado, 22 de junio de 2013

Mi papá es mago, ¿sabes?

Le dio por ahí hace algo más de un año. Él siempre cuenta a los que le preguntan o quieren oirlo que fue culpa del Magia Borrás, ese de toda la vida, como el que tenía mi primo en el armario o el de mi antiguo amigo Toni, que sacábamos en ocasiones especiales, como las meriendas de los cumpleaños o cuando a los padres les hacía mucha gracia ver a los niños haciendo de eso, de niños en funciones familiares de mal recuerdo...

A Él ahora le gusta lo de la magia, y ha invadido el salón con barajas de cartas -¿para qué hacen falta treinta juegos de barajas de cartas, dorso azul, negro, rojo, de colores, qué sé yo?-, monedas plateadas y doradas, tres cubiletes, libros de trucos, perdón: juegos, pañuelos negros y rojos, un gorro oscuro -porque no usa chistera- la corbata roja brillantes y la chaqueta de las bodas. Una mesa se forró de tela roja para convertirse en su sitio de práctica y estudio, aunque todavía no salen estrellas ni hechizos de las puntas plateadas de su varita mágica. El arcón ya no tiene mis revistas de Historia, sino plumas, alfombrillas y duplicados de tréboles y diamantes acartonados.

- Negre, que me he apuntado a un curso de magia -dijo.

- ¿Hum? Vale -contesté yo, sin levantar la vista del teclado y de los ejercicios que estaba preparando.

- Pero que son todos los sábados del año -insistió él, mirándome.

- ¿Todos? -madre mía...

Esta semana han sido los festivales de fin de curso en mi colegio: los alumnos de Infantil, los de Primaria, los profesores nerviosos, los bailes, el abuelo que se levanta y gesticula con manos, brazos, codos, torso entero, con tal de que su nieto, cuatro años, lo mire mientras se contonea por el escenario. Hoy es el festival de fin de curso de la escuela de magia de Él; vamos Niña Pequeña y yo, como hacen las madres de los alumnos pequeños del colegio, para ver su primera gala, y ella se ha comprado para la ocasión unas sandalias blancas y rojas, a juego con su nueva diadema. 

- Negre, ahora que ya vas teniendo tiempo porque estás terminando el curso, ¿crees que podrás hacerme una página web con mis vídeos de magia y más cosas? 

- Claro, será entretenido -respondo, mientras guardo la carpeta con las notas finales de mis alumnos. 

Pues eso, que ya tengo deberes mágicos para MagicLeón.

 

jueves, 20 de junio de 2013

¿Existe la hache?

Mamá.

-¿Hum?

- Mamá, en el juego de las palabras encadenadas que te gusta, ¿valen palabras que empiecen con hache? -pregunta Niña Pequeña, mientras peina distraidamente una muñeca.

- Claro, Niña Pequeña, ¿por qué no van a valer? -pregunto yo, mientras recorto un trozo de papel verde tachonado de estrellas para envolver una caja que me ha pedido mi directora Belén.

- Es que como la hache no se dice, pues no está en el juego -afirma ella.

- Pero aunque no se diga, sí vale y hay que acordarse de ella -instruyo.

- Ya, mamá, pero como el juego es de decir palabras encadenadas y no de escribirlas, pues jugamos a que es invisible y así podemos decir más sin equivocarnos.