miércoles, 12 de enero de 2011

La raza de los Noseabundos.

Existen entre nosotros unos seres únicos, que viven prácticamente de incógnito: los noseabundos.

Los noseabundos se mimetizan perfectamente con el exterior, adoptando preferentemente apariencia joven: pieles suaves y brillantes de adolescentes, melenas rizadas de casuales peinados, cabellos cortos masculinos cuidadosamente engominados,... Tienen una tendencia especial por vestir prendas anchas -ellos-, muy anchas, procurando mostrar el borde de la ropa interior -de color discretamente acorde con el color de los cordones de las desabrochadas zapatillas. Ellas, con un gusto más variado, se decantan por camisetas estrechas y pantalones vaqueros de talle bajo, con la misma intención de mostrar sin provocar.

Por eso los noseabundos son difíciles de identificar; de hecho, su actitud ante la vida es similar, intentando pasar disimuladamente entre la masa. Sólo podemos saber que estamos ante uno de ellos al entablar conversación:

- ¿Qué tal estás hoy?
- No sé.
- ¿Tenías algo de deberes del colegio esta mañana?
- No sé.
- Pero, ¿de verdad que no te ha pasado nada de nada?
- No sé.
- ¿Cómo crees que podrías mejorar las últimas notas del colegio, con todos esos suspensos?
- No sé.

Los miembros de esta raza, sin embargo, tienen una intensa, profunda y extensa vida social, aunque no lo parezca, pues tienen una amplia bolsa de contactos (los seres más activos, con la etiqueta de +400) en las redes sociales de Internet, con preferencia por Tuenti. Es allí donde despliegan todo su poder y espíritu crítico ante la vida que dejan pasar:

- ¿Has visto a Menganítez, el de la clase de al lado, cómo iba hoy vestido?
- Huy, no sé.

Pero, ¡cuidado! Los noseabundos tienen una gran capacidad, un poder inmenso -del cual no son conscientes, debido a su capacidad de mimetismo e invisibilidad-: pueden contagiar a otras personas, convirtiendo así su hábitat natural en un estado óptimo de ingravidez temporal, un espacio en el que se encuentran cómodos y a gustito. El lugar estará contagiado cuando, por ejemplo, los adultos de los que se rodean ponen en marcha una conversación similar a esta:

- Venimos a hablar con usted porque no comprendemos cómo es posible que en tres meses nuestro hijo no haya tenido ni un examen ni deberes ningún día.
- No es posible, ¿no les ha dicho que cada tres semanas tenía un prueba escrita?
- No sé.
- ¿Ni que hace meses que tenía que entregar...?
- No sé.
- ¿Ni que tenía deberes el fin de semana de...?
- No sé. Pero ya le hemos quitado la televisión, la consola, el teléfono, el MP3, el MP4, la radio y el DVD del cuarto...

Llegados a este punto, el noseabundo, inflitrado entre los miembros adultos del grupo más cercano, habrá logrado su objetivo principal: que le dejen en paz. Y es que esa es otra característica de los miembros de esta raza: el pensamiento general y muy extendido a través de sus +400 amigos de que siempre serán jóvenes de vida diluídamente fácil.

domingo, 9 de enero de 2011

Comenzando el segundo trimestre escolar...

Estimadas familias. Madres. Padres:

Dediqué mis vacaciones navideñas a la lectura (podéis comprobarlo pinchando aquí o aquí), preparar mis clases de enero y febrero y recuperar tiempo perdido en tareas de la burocracia colegial (esto no me ha dado tiempo a hacerlo todo, lo admito). Además, he hecho mis deberes como alumna que también soy por las tardes, dado que en muy poco tiempo me examinarán... Bueno, ya se sabe: los profesores no trabajan y tienen muchas vacaciones (yo no sé los demás, pero yo, no paro... de hacer cosas).

Mañana comienza el segundo trimestre. Mañana regresan vuestros hijos a los colegios e institutos. Los niños y adolescentes no necesitan que sus vacaciones terminen porque se aburren (¿puede aburrirse Niña Pequeña entre sus juguetes y aventuras imaginarias?); lo que necesitan, más bien, es tiempo de calidad junto a sus familias.

Podréis ya respirar. Han terminado las vacaciones de Navidad.

Atentamente,

sábado, 8 de enero de 2011

Mi vecina tiene unas zapatillas que...

Los Reyes Magos regalaron a mi vecina, la de enfrente, unas zapatillas.

Un par de zapatillas es un regalo útil y cómodo, que es algo muy de los Reyes cuando estás ya en una cierta edad medianera, porque, ya se sabe, los Reyes son magos y saben que tú lo que necesitas es estar a gusto -especialmente cuando tu vida social se ve transformada e iluminada por visitas a amigos en tus mismas condiciones: con hijos, poco tiempo y ojeras de mal dormir en las largas trescientasypico noches del año. La versión masculina de las zapatillas del 6 de enero será un lustroso par de calcetines, claro.

Pero no son sólo unas zapatillas. Son unas zapatillas rosas, brillantes, casi de peluche por la suavidad que adivinan, y apuntan maneras de cálidas. Y cuando digo "brillantes" es eso, literalmente: casi luminosas por la esplendidez de sus lentejuelas plateadas. Relucientes en cientos de brillos, magníficas, fulgurantes -imagino- en los pasos de portal a portal en medio de la lluvia -plic, plic, plic. Y cuando sube mi vecina para que Niña Pequeña y su niña jueguen a mamás y bebés, es casi imposible no deleitar la vista ante el rutilante par de zapatillas.

- ¿Qué pasa? -dice, mientras se ríe ante mi cara de pasmo- Bien calentitas que son.

Cierto. Sin duda. Inmensas.

Y que conste que mi vecina, la de enfrente, es también una amiga...

miércoles, 5 de enero de 2011

Duda de Reyes.

¿Zapatilla? ¿Zapato? ¿Botín, sandalia, chancla, de estar por casa, deportiva, de agua?

Hoy es la noche de Reyes.

Y ante el recuerdo en avalancha de mis acciones a lo largo del año pasado, no sé que calzado debo dejar en el salón, a fin de no pecar en exceso o por defecto...

martes, 4 de enero de 2011

sábado, 1 de enero de 2011

Hoy fue un Día Feliz.

Primer día del nuevo año. Me asomo al balcón. No hay vida en el exterior y las comunicaciones exoplanetarias no funcionan. Mis vecinos duermen o hacen como que sí: las persianas se mantienen bajadas, a pesar de rayar casi el mediodía. Frío. Vapor al respirar. Alguien hace footing pensando quizá que es la amanecida. Entro al salón.

Nos vamos a dar un paseo con Niña Pequeña. Mediodía. Sigue sin haber signos de vida inteligente más allá de la puerta del jardín. Gorro, bufanda, yo con guantes porque soy la más friolera de los tres. Nos aventuramos cuesta arriba hacia el centro comercial más cercano: tal vez haya un sitio abierto y una excusa para tomar el prometido batido de chocolate.

Llegamos. Dos seres de conciencia humana y edad más que mediana están apoltronados en las sillas del bar que sí está abierto -y limpio. Un cartel a la entrada avisa que hoy, como el día de Navidad, estarán abiertos hasta la hora de comer. Y es que todo el mundo tiene derecho a descansar después de la noche de ayer, claro. No hay batidos de chocolate, pero sí de fresa y un refresco para el padre de la criatura. En honor al primer día del año, en vez de patatas fritas de bolsa, unos canapés.

.....

- Mamá -dice Niña Pequeña, mientras juega un rato en el baño.
- ¿Hum?
- Mamá, hoy ha sido un día muy bonito -afirma seriamente; el patito de goma se ahoga en una nube jabonosa antialérgica para pieles muy atópicas.
- ¿Por qué?
- Porque hoy es el Día Feliz de Nuevo Año -me indica con aire despreocupado-. Todo el mundo lo decía.