- No, profe, ya no. Se cansó el amor.
sábado, 10 de abril de 2010
Amando adolescente.
Le preguntaba ayer a la alumna si seguía saliendo con aquel compañero suyo de adolescencia.
- No, profe, ya no. Se cansó el amor.
- No, profe, ya no. Se cansó el amor.
jueves, 8 de abril de 2010
Violencia contra profesores.
De vez en cuando salen en las pantallas situaciones de violencia contra los profesores; obviamente, tema tan delicado me toca de cerca -no, no me he visto en una de esas-, de forma que pongo la oreja rápido o siempre hay alguien en casa que me avisa para que deje lo que esté haciendo en ese momento y acuda rauda frente al televisor.
Ayer en las noticias se hablaba de esta noticia: una madre de alumna de ESO en un instituto de Barcelona era condenada a dos años de cárcel por agresión a una profesora. Condena que no cumplirá, ya que carece de antecedentes, aunque debe estar alejada del Centro durante dos años... Ignoro el contexto del suceso, pero la relevancia es evidente; más de lo mismo sobre lo bien traída que es esta profesión para la sociedad en general.
Y si tan valiente fue esta mujer como para lanzarse contra la profesora en plena calle y delante de testigos, ¿por qué se intenta cubrir la cara ante las cámaras? Semejante hazaña merece ser conocida por todo el país, disfrutar de sus minutos de gloria, gritar a los cuatro vientos el buen ejemplo que esto es para su hija. Lo mucho que estará aprendiendo su hija con esto, por cierto. Ejemplar...
Qué país...
Ayer en las noticias se hablaba de esta noticia: una madre de alumna de ESO en un instituto de Barcelona era condenada a dos años de cárcel por agresión a una profesora. Condena que no cumplirá, ya que carece de antecedentes, aunque debe estar alejada del Centro durante dos años... Ignoro el contexto del suceso, pero la relevancia es evidente; más de lo mismo sobre lo bien traída que es esta profesión para la sociedad en general.
Y si tan valiente fue esta mujer como para lanzarse contra la profesora en plena calle y delante de testigos, ¿por qué se intenta cubrir la cara ante las cámaras? Semejante hazaña merece ser conocida por todo el país, disfrutar de sus minutos de gloria, gritar a los cuatro vientos el buen ejemplo que esto es para su hija. Lo mucho que estará aprendiendo su hija con esto, por cierto. Ejemplar...
Qué país...
martes, 6 de abril de 2010
España de pandereta.
Comienzo del tercer trimestre en el colegio. Lo inaugurábamos con los talleres del Día de Europa (este año, dedicado a España, por aquello de que los alumnos alemanes del intercambio con Hannover estaban entre nosotros) y el mío lo dedicaba a los símbolos nacionales. Elegido el tema a riesgo de que alguien me llamara de derechas -como si entre los alumnos haya alguno que sepa lo que es-, pero sin temor porque conozco bien la historia de mi familia hasta bien entrado el s. XVI... y consciente de que parece que nos da miedo decir que somos españoles.
Una de las pruebas del taller: poner letra a 57 segundos de himno español. Resultados, variopintos: desde los que, misteriosamente, introducían menciones a un dictador español muerto hace 35 años -alumnos de 15 que dudo sepan, al menos, el nombre de tal personaje-, otros que descubrían que el himno español, por nacimiento, no puede tener letra y alguno más que no sabía muy bien a qué música me refería. Jóvenes...
Pero un mensaje claro: este es el país de la tortilla de patata, el arroz en todas sus variedades -con preeminencia de la paella-, el turrón y la pandereta. Ignotos símbolos nacionales que he descubierto en la mentalidad absolutamente apolítica -y adormecida, inane y acomodada- de algunos de los jóvenes que han pasado la mañana por mi taller. Protagonistas de letras de himnos que en nada representan la Historia de un país -que es lo que tiene que reflejar la música nacional. Eso sí, no dudo que en el momento de mayor patriotismo nacional -cuando juega la selección-, alguno hinchará orgulloso el pecho tarareando aquello del chuntachunta.
Con lo cual, no me extraña, pues, leer lo que he leído en este artículo escrito por Arturo Pérez-Reverte -uno de mis escritores favoritos- en su columna dominical.
Una de las pruebas del taller: poner letra a 57 segundos de himno español. Resultados, variopintos: desde los que, misteriosamente, introducían menciones a un dictador español muerto hace 35 años -alumnos de 15 que dudo sepan, al menos, el nombre de tal personaje-, otros que descubrían que el himno español, por nacimiento, no puede tener letra y alguno más que no sabía muy bien a qué música me refería. Jóvenes...
Pero un mensaje claro: este es el país de la tortilla de patata, el arroz en todas sus variedades -con preeminencia de la paella-, el turrón y la pandereta. Ignotos símbolos nacionales que he descubierto en la mentalidad absolutamente apolítica -y adormecida, inane y acomodada- de algunos de los jóvenes que han pasado la mañana por mi taller. Protagonistas de letras de himnos que en nada representan la Historia de un país -que es lo que tiene que reflejar la música nacional. Eso sí, no dudo que en el momento de mayor patriotismo nacional -cuando juega la selección-, alguno hinchará orgulloso el pecho tarareando aquello del chuntachunta.
Con lo cual, no me extraña, pues, leer lo que he leído en este artículo escrito por Arturo Pérez-Reverte -uno de mis escritores favoritos- en su columna dominical.
sábado, 3 de abril de 2010
Vencida la naranja en buena lid...
Observaba anoche fascinada cómo mi compañera de mesa se centraba en comer una naranja en el postre. Y me pareció que tremenda tarea debería ser considerada, como poco, disciplina olímpica de demostración.
Una naranja no es un alimento fácil. Se resiste a ser vilipendiada con cuchillo y tenedor, aferrándose a su cáscara con blancos filamentos, desangrándose en color sobre el plato de postre.
Una naranja deja sus restos, como despojos abandonados, para no permitir que la conciencia del comensal quede tranquila. Ahí persiste su tenacidad de no desaparecer del todo, gajos maltrechos o irregularmente cortados, poco apetecibles.
Forcejeaba mi compañera de mesa, concentrada plenamente en su tarea, el ceño fruncido, enfrascada en el empeño. Se resistía la naranja en cada acometida, buscaba la mujer por dónde hundir el cuchillo con mayor efectividad.
De poco le sirvieron a la naranja sus reticencias, vencida al fin y desecha...
Una naranja no es un alimento fácil. Se resiste a ser vilipendiada con cuchillo y tenedor, aferrándose a su cáscara con blancos filamentos, desangrándose en color sobre el plato de postre.
Una naranja deja sus restos, como despojos abandonados, para no permitir que la conciencia del comensal quede tranquila. Ahí persiste su tenacidad de no desaparecer del todo, gajos maltrechos o irregularmente cortados, poco apetecibles.
Forcejeaba mi compañera de mesa, concentrada plenamente en su tarea, el ceño fruncido, enfrascada en el empeño. Se resistía la naranja en cada acometida, buscaba la mujer por dónde hundir el cuchillo con mayor efectividad.
De poco le sirvieron a la naranja sus reticencias, vencida al fin y desecha...
viernes, 2 de abril de 2010
Hoy es Viernes Santo. Calla.
Ocurrió hace tal vez seis o siete años; en clase de 3º ESO esa misma semana había puesto un documental sobre uno de los proyectos que la ONG SED tiene en un suburbio de Paraguay. Aparecía en él la cruda, pero no por eso menos real, vida de las personas que dependen para su supervivencia del basurero de la metrópoli. Mujeres y niños, en su mayoría, escarban diariamente para lograr el material que les hará ese día más soportable; una de las escenas, mediado el documental, es el testimonio de uno de los niños, explicando cómo un día se había encontrado el cadáver de un recién nacido y, movidos por la piedad, le habían enterrado decentemente.
Pocos días después la madre de unas alumnas me pidió cita. La cuestión a tratar no era el cúmulo de faltas de ortografía que sus hijas realizaban -supongo que siguen haciéndolo- en sus escritos -y que justificaba ella diciendo que las palabras se pronuncian igual, da lo mismo cómo se escriban. Ni siquiera le movía para llegar al colegio que las dos necesitaran, a mi juicio, una ayuda externa para solucionar que no comprendieran sencillos textos -muy por debajo de su nivel educativo, porque la Ley manda y hay que aprobar al mayor número de personas.
No. El problema había sido aquél vídeo, ya que una de sus hijas le había contado, llorando, lo que allí se narraba. Y venía a decirme, de forma muy clara y amenazadora, que fuera la última vez que ponía ese tipo de documentales en una clase, y menos en la de sus hijas, porque ella no estaba dispuesta a que sus hijas vieran sufrimiento y penas. El curso siguiente volví a poner el mismo documental en 3º ESO, claro. Y a la madre le respondí que fuera buscando una burbuja de cristal bien aislante para meter en ella a sus hijas el resto de su vida...
Hoy es Viernes Santo. Los cristianos necesitamos cuarenta días para prepararnos para este día, uno para recordar la muerte del Señor, cincuenta para celebrar la Resurrección. Diariamente me rodean personas con dudas, que buscan, algunos que desean creer y en su dolor no pueden, otros que no entienden, muchos que no quieren saber, otros que abanderan discursos trasnochados sobre la existencia o no de Jesús de Nazaret.
Estos últimos son los peores, a mi juicio, porque no sólo hablan sin saber -sin saber Historia, Teología, Literatura, Filosofía y tantas cosas que hay que saber para comprender sólo desde fuera el misterio de Jesús de Nazaret-, sino que además se creen en posesión de la verdad -la suya-, sin permitir a los demás el resquicio de la duda ante nuestra vivencia de otra verdad... Veo en ellos resentimiento, dolor no asumido, experiencias negativas mal curadas y falta de diálogo.
Pero hoy es Viernes Santo. Hoy es un día incomprensible; nuestra mentalidad humana se resiste a lo que hoy se celebra en el mundo cristiano y grita ante Dios. Fenomenal, porque es muy sano enfadarse con Dios. Hay que hacerlo, como dice uno de mis mejores amigos, jesuíta. Hoy es el día de aquellos del documental, de los miles de niños a los que no dejan nacer, de los que mueren en el seno de su madre, de los que son esclavos, de los enfermos, de los que sufren persecución de cualquier forma por sus creencias -dichosos ellos, dijo Jesús. El mal no tiene solución; hoy es el día para asumirlo y para acompañar en silencio -el tremendo silencio de las procesiones- lo que nuestra humanidad no entiende. Pese a quien le pese.
Pocos días después la madre de unas alumnas me pidió cita. La cuestión a tratar no era el cúmulo de faltas de ortografía que sus hijas realizaban -supongo que siguen haciéndolo- en sus escritos -y que justificaba ella diciendo que las palabras se pronuncian igual, da lo mismo cómo se escriban. Ni siquiera le movía para llegar al colegio que las dos necesitaran, a mi juicio, una ayuda externa para solucionar que no comprendieran sencillos textos -muy por debajo de su nivel educativo, porque la Ley manda y hay que aprobar al mayor número de personas.
No. El problema había sido aquél vídeo, ya que una de sus hijas le había contado, llorando, lo que allí se narraba. Y venía a decirme, de forma muy clara y amenazadora, que fuera la última vez que ponía ese tipo de documentales en una clase, y menos en la de sus hijas, porque ella no estaba dispuesta a que sus hijas vieran sufrimiento y penas. El curso siguiente volví a poner el mismo documental en 3º ESO, claro. Y a la madre le respondí que fuera buscando una burbuja de cristal bien aislante para meter en ella a sus hijas el resto de su vida...
Hoy es Viernes Santo. Los cristianos necesitamos cuarenta días para prepararnos para este día, uno para recordar la muerte del Señor, cincuenta para celebrar la Resurrección. Diariamente me rodean personas con dudas, que buscan, algunos que desean creer y en su dolor no pueden, otros que no entienden, muchos que no quieren saber, otros que abanderan discursos trasnochados sobre la existencia o no de Jesús de Nazaret.
Estos últimos son los peores, a mi juicio, porque no sólo hablan sin saber -sin saber Historia, Teología, Literatura, Filosofía y tantas cosas que hay que saber para comprender sólo desde fuera el misterio de Jesús de Nazaret-, sino que además se creen en posesión de la verdad -la suya-, sin permitir a los demás el resquicio de la duda ante nuestra vivencia de otra verdad... Veo en ellos resentimiento, dolor no asumido, experiencias negativas mal curadas y falta de diálogo.
Pero hoy es Viernes Santo. Hoy es un día incomprensible; nuestra mentalidad humana se resiste a lo que hoy se celebra en el mundo cristiano y grita ante Dios. Fenomenal, porque es muy sano enfadarse con Dios. Hay que hacerlo, como dice uno de mis mejores amigos, jesuíta. Hoy es el día de aquellos del documental, de los miles de niños a los que no dejan nacer, de los que mueren en el seno de su madre, de los que son esclavos, de los enfermos, de los que sufren persecución de cualquier forma por sus creencias -dichosos ellos, dijo Jesús. El mal no tiene solución; hoy es el día para asumirlo y para acompañar en silencio -el tremendo silencio de las procesiones- lo que nuestra humanidad no entiende. Pese a quien le pese.

